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domingo, 18 de septiembre de 2016

"El gran filósofo actual es Woody Allen"


Se ha hecho popular en televisión, pero Luis Merlo (Madrid, 1966) es, ante todo, un actor de teatro, que desde niño vivió el escenario como algo cotidiano, formaba parte de sus juegos e, incluso, celebró en él su Primera Comunición. Debutó con Salomé, dirigida por Mario Gas, y desde entonces lleva tres décadas sobre las tablas. Su último trabajo fue El crédito, junto a Carlos Hipólito. Ahora vuelve con una comedia que nos muestra cómo es la condición humana. En El test, de Jordi Vallejo, dos matrimonios se reúnen a cenar y uno de ellos lanza unainocente pregunta: ¿Qué prefieres, 100.000 euros ahora o un millón dentro de diez años?

Si a ti te plantearan este dilema, ¿qué elegirías?
Depende de si contestara el corazón o la cabeza. No lo sé ahora, porque soy géminis. De todos modos, dada la edad, el estado de ánimo general y la situación económica me digo: «¿Dónde estaré yo dentro de 10 años?, ¿Cómo estará el mundo?». Creo que no nos queda más remedio que vivir el presente, el aquí y el ahora. De alguna manera, nos han robado el futuro.

¿En El test, el público se ríe y piensa a la vez?
Todo humor es inteligente. Las gracias, no, ya que las puede hacer un niño de dos años. El humor contiene una reflexión, esa reflexión se pueden contar desde un lugar trascendente o desde un espacio que genere risa. los espectadores se identifican y se ríen, comprenden que todos somos estupendos y todos somos un asco. Para mí, el gran filósofo actual es Woody Allen, un señor que te hace pensar riendo.

¿Cómo es tu personaje en esta obra?
Es un hombre de negocios creativo, que tiene dinero y éxito, y que necesita jugar con los demás para sentir el poder, aunque en ello se juegue la vida. Es el que pone en marcha un cronómetro, cuyos resultados no puede controlar. Me recuerda un poco al trabajo de Yasmina Reza, que plantea desde la cotidianidad más absoluta las relaciones entre las personas, y lo que parece que es un bombón dulce, está envenenado.

Representaste precisamente Arte, la obra más famosa de esta autora.
Sí, y allí el cuadro blanco es la excusa para mostrar cómo es realmente la relación entre los amigos. Creo que el cuadro de esa obra es aquí el test, y a partir de él vamos descubriendo, en la amistad de los dos matrimonios, cargas de profundidad que estaban ahí, pero que nadie quería ver...

No parece una comedia de carcajada...
Lo es. En el estreno en Bilbao hubo tres cosas que me sorprendieron. Nada más empezar, la pregunta genera una inquietud en la sala; luego, el público se está riendo a carcajada pura y dura durante hora y pico, y los últimos diez minutos, los espectadores no cesan de lanzar ¡oh! de asombro al descubrir realmente lo que está sucediendo. Esto es algo que nunca había vivido.

Ahora que se cumple un año de la muerte de Ana Diosdado, actriz, directora, dramaturga y la mujer de tu padre, Carlos Larrañaga, durante dos décadas. ¿Qué aprendiste de ella?
Fue una de las grandes amigas que tuve, y como amiga me enseñó, más que a trabajar, a vivir. Ana me dijo una frase que nunca olvido: «Yo soy sincera por comodidad». Y yo, también; pero no hay que confundir la sinceridad con mala educación. Hay gente que te suelta, de pronto, lo que piensa sin que tú le pidas su opinión.

Qué: El test
Dónde: Teatro Cofidis Alcázar
Cuándo: desde el 16 de septiembre al 23 de octubre

lunes, 30 de mayo de 2016

Luis Merlo, el fichaje más esperado de ‘La que se avecina’: “Bruno es mi personaje más exagerado”

“Este vecindario es un infierno. ¡Aquí no hay quien viva!”, dirá Bruno Quiroga al llegar a la loca urbanización de Montepinar, como guiño a la serie que le hizo popular. Diez años después del inolvidable Mauri, y seis del estirado Héctor de El internado, Luis Merlo vuelve a ponerse ante la cámara, y lo hace para quedarse, ya que los creadores de La que se avecina también planean contar con este actor y este personaje para la nueva serie que están preparando. “Hemos aprovechado para hacer un especie de experimento, tenemos un futuro formato que tiene que ver con el personaje de Luis. Y hemos dicho vamos a probar”, ha contado Alberto Caballero. La serie sigue líder también los miércoles: el último episodio congregó a 3.321.000 espectadores (20% de share). Después de este capítulo en el que también conoceremos al personaje de Miren Ibarguren, Telecinco ha decidido cortar aquí la novena temporada y emitir el resto de capítulos después del verano.

Luis, ¿cómo surgió tu ‘vuelta’?
De un encuentro fortuito entre mi representante y la directora de casting, Elena Arnao. Después quedé a tomar un café con Alberto y Laura Caballero, les dije que me apetecía y se pusieron a escribir mi personaje.

¿Y el aterrizaje?
Ha sido un subidón en lo emocional, por el vínculo que me une a ellos, pero sintiendo como si empezara de cero.

Háblanos de tu personaje.
Bruno es un concertista de piano que toca como los ángeles; su mujer le ha dejado y va a terapia con Judith [Cristina Castaño]. Es el personaje más exagerado que he hecho, ¡tiene todos los tics del mundo y entra en pánico con el vuelo de una mosca! Yo pretendo que desde el exceso sea verdad.

¿Sabes tocar el piano?
Sí, pero como hobby, no con su maestría. Por eso me ha ayudado un pianista en algunas escenas. Toca él aunque en pantalla salga mi cara. ¡Un gran trabajo del equipo de efectos especiales! 


¿Cómo evoluciona?
Será como un enloquecido flautista de Hamelín, que mantendrá una relación de amor y odio con el resto de la comunidad.

¿Añorabas la tele?
Sí, después de tres años con la función El crédito necesitaba probar algo nuevo, la inmediatez y la prisa propias de la tele.

El 13 de junio cumples los 50. ¿Estás en crisis?
¡Nooo…! Pasé una crisis al pensar que no ya podía doblar y llegar a los 100, pero valoro lo ganado en serenidad. Y me sigo apasionando con mi trabajo, aunque soy más selectivo. 

Dicen que te pareces cada vez más a tu padre
Me llena de orgullo. La transmisión de la tradición en este oficio cuenta mucho. He tenido la suerte de trabajar con gente muy grande y ellos me motivaron para que pasara de espectador a ser quien cuenta la historia.

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lunes, 16 de mayo de 2016

"Bruno es el personaje más exagerado que he hecho"

Luis Merlo, uno de los pocos actores de 'Aquí no hay quien viva' que faltaban en 'La que se avecina', se ha unido al equipo de la desternillante serie de Tele 5 (martes, 22.30) para encarnar a Bruno, un extravagante pianista al que se le vienen encima los estrambóticos habitantes de Monte Pinar. 


¿Qué es lo que más le llama la atención de su personaje?
Hay personas que solo saben hacer bien su trabajo y no saben relacionarse y vivir. Este hombre toca el piano como los ángeles, pero es lo único que sabe hacer. Le acaba de dejar su mujer y tiene todas las fobias que se pueden tener. Cuando escriben un personaje pensando en ti, te dan a entender que confían en ti como actor. Creo que esta es la primera vez que hago un registro tan al límite. Yo siempre he pensado que quiero hacer personajes que si se metieran en una habitación no se entenderían entre ellos, porque eso significaría que he conseguido hacer personajes muy distintos. Este es un personaje de 'sitcom' americana, lleno de tics e histeria. Es el más exagerado que he hecho.  

¿Cómo ha sido el reencuentro con sus excompañeros de 'Aquí no hay quien viva'?
Bueno. El reencuentro es maravilloso, pero hay que olvidarlo y enfocarlo como un nuevo proyecto porque si no estás condenado a repetirte.

¿Necesitaba que pasara todo este tiempo para volver con nuevos bríos?
Sin duda. Por aquel momento había un personaje que me había cambiado la carrera y la vida y continuar en ese contexto era imposible. Habría ido para abajo porque subir un escalón era imposible. Ahora Bruno es otro regalo, aunque tenga un ADN completamente distinto. Ha requerido la misma pasión. Me he dado cuenta de lo mucho que les he querido y les quiero a Laura y Alberto Caballero (creadores de la serie).

¿Qué diferencias ve entre 'La que se avecina' y 'Aquí no hay quien viva'?
Es otro código. Aquí se corre a 280 por hora. Por eso me quería quedar en esta pista a jugar con ellos. Posiblemente lo que pasa en un secuencia de 'La que se avecina' podía dar para un capítulo de 'Aquí no hay quien viva'. El 'gag' de la tarta en la cara de Charles Chaplin estará vivo siempre si se hace con talento. En 'Aquí…' había un capítulo en que le caía la tarta a uno y no a otro. En esta serie nos cae un pastelazo en la cara en cada capítulo a cada uno de nosotros. Mi abuelo Ismael Merlo decía que en esta profesión había géneros y que el naturalismo había acabado con los géneros. Esto es la comedia enloquecida, que ahora parece que está mal vista porque te tachan de ser un actor de los de antes, de los que no encarna sino que interpreta. Pues yo estoy feliz de ser un actor intérprete. Y estoy cansado de los actores creadores si no les entiendo.

¿Tendrá continuidad en la serie?
Sí. Yo solo quise el reencuentro. Primero se produjo el personal en una reunión maravillosa tomando un café con los creadores, y luego el profesional. El amor nace con vocación de eternidad. Ni por su parte ni por la mía queremos que termine: acaba de empezar.

¿Qué es lo que le tira de la televisión a un actor de teatro como usted?
Amo el teatro, pero cuando estás tres años haciendo lo mismo tienes que conseguir que cada día parezca como el primer día. Solo lo parece a base de horas de vuelo y de compromiso. Pero inevitablemente un actor que tenga cierta inquietud, después de tres años quiere probar algo nuevo. Un personaje en televisión o cine sucede por primera vez, y yo necesitaba esa primera vez. Pero nunca dejaré de hacer teatro: si es necesario dormiré menos.

¿Cómo ve la salud de la ficción española después de haber estar alejado de ella un tiempo?
Ahora mismo el mundo de la creación a nivel internacional está en la televisión. La inversión para hacer una película es brutal: el tiempo de rodaje, la postproducción… Dicen sí o no en cinco minutos. Sin embargo en la tele se pueden generar proyectos de manera más rápida, rodarlos más deprisa y estrenarlos enseguida, de modo que en la emisión ya sabes qué está sucediendo. En vez de 13 capítulos son 13 pequeñas películas de distintos géneros y eso lo vemos en el mundo entero, encabezado por EEUU que es la jefa. Allí ves que actores que solo hacían cine ya están metidos en la televisión. A mi, que he hecho muy poco cine y mucha televisión, me fascina el medio televisivo por su inmediatez. Eso te crea una energía muy saludable.

¿Qué series le gustan?
Yo no soy objetivo. Como espectador me llama mucho la atención 'La que se avecina' y hay un clásico en este país que se llama 'Cuéntame...' En España se hacen cosas valientes. Y en EEUU las tienes todas porque esto lo inventaron ellos.

¿Y cuáles le atraen más de EEUU?
'American crime'. La idea de que los mismos actores hagan historias totalmente distintas me apasiona. Y qué dos actores: ¡Timothy Hutton y Felicity Huffman! 

 Dicen que cada vez se parece más a su padre (Carlos Larrañaga) actuando… ¿Le gusta que se lo digan?
Sí, porque tengo una gran admiración por mi padre. Este trabajo es tradición y transmisión. La gente que mira para atrás puede ser tachada de antigua, pero es difícil saber a dónde vas si no sabes de dónde vienes. Me gusta mirar atrás. Yo tuve la suerte de conocer a gente muy grande y trabajar con algunos de ellos. Fijarme en su voz es lo que me hizo intuir cuál es la voz que yo quería tener como actor. Mi padre ha sido una voz de referencia en el mundo de la comedia en televisión. Estoy muy orgulloso.

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martes, 12 de abril de 2016

"He llegado a 'La que se avecina' para quedarme"


"El amor nace con vocación de eternidad".Así explica Luis Merlo la pasión con la que se embarca en lo que quiere que sea "un proyecto totalmente nuevo en su carrera".

El actor que salió por las puertas de Desengaño 21, cruza diez años después la de Mirador de Montepinar para reencontrarse con los creadores de La que se avecina, serie donde coincidirá también con algunos de sus antiguos vecinos en Aquí no hay quien viva.

Luis Merlo ha explicado que el tiempo que ha pasado para dar el paso de incorporarse a la ficción de Telecinco era "sin duda" necesario: "Si no dejaba pasar un tiempo, era imposible que hubiera podido hacer algo tan cercano emocionalmente a lo que había pasado con Mauri", ha declarado emocionado. 

Ecoteuve.es entrevista al actor de La que se avecina.

¿Cómo es el personaje de Bruno en La que se avecina?
Hay personas en este mundo que solo saben hacer bien su trabajo y luego no saben relacionarse, no saben vivir... Este hombre toca el piano como los ángeles e incluso da conciertos internacionalmente, pero es lo único que sabe hacer. No sabe vivir, no sabe relacionarse, tiene muchas fobias, le acaba de dejar la mujer. Cuando escriben este personaje pensando en ti quiere decir que los creadores de la serie confían en ti como actor. Creo que es la primera vez que hago un registro tan al límite. Lo bonito de este trabajo es hacer personajes que si se metieran en una habitación no se entendieran, eso significaría que habré podido hacer personajes muy diferentes. Es un personaje de pura 'sitcom' americana lleno de tics internos.

En este país y en este trabajo hay mucho miedo a algo que nos define muchísimo, a la exageración. Los latinos somos exagerados por naturaleza. Este es un personaje exagerado por naturaleza. Yo estoy harto del naturalismo y con este personaje lo único que pretendo que desde ese exceso sea de verdad pero nunca natural.

Entonces La que se avecina es su serie. Una serie de excesos...
Ha sido brutal. La gente que lo ve desde fuera pensará 'a estos nunca les va mal, ¿o qué?'. Yo no soy así de expresivo cuando no he vivido un viaje bonito. Estoy verdaderamente apasionado porque el reencuentro es maravilloso, pero hay que olvidarlo y empezar como un nuevo proyecto. Si no, estás condenado a repetirte. 

 ¿Necesitaba entonces que pasara todo este tiempo para incorporarse a la ficción?
Sin duda, sin duda. Por aquel momento había un personaje que me había cambiado la carrera y la vida. Y continuar en el mismo contexto era imposible. Si no dejaba pasar un tiempo, era imposible que hubiera podido hacer algo tan cercano emocionalmente a lo que había pasado con Mauri, algo que hubiera podido parecerse a aquel vuelco en mi vida que supuso Mauri. Habría ido hacia abajo, era imposible subir un escalón más arriba.

Ahora con las perspectiva del tiempo sí. Si me regalaron Mauri, Bruno es otro regalo. Con un ADN totalmente distinto que ha requerido la misma pasión. (Se emociona) Es muy importante volver a querer. Creer que ya no querías y volver a querer. Y gracias a Alberto y a Laura, porque me he dado cuenta de lo mucho que les he querido y lo mucho que les quiero.

¿Qué diferencias ve entre rodar Aquí no hay quien viva y La que se avecina?
Es otro código. Aquí en la pista se corre a 280 por hora. En la segunda secuencia era la presentación de mi personaje y en su primer capítulo no le pueden pasar más cosas. Posiblemente, lo que pasa en una secuencia de La que se avecina podía dar vida a un capítulo de Aquí no hay quien viva. Es tan grande el cúmulo de circunstancias y del gag maravilloso inventado por Chaplin de la tarta en la cara, que estará vivo si se hace con talento siempre. Este pastelazo a lo mejor en Aquí no hay quien viva no te caía y le caía a otro. Aquí nos cae un pastelazo en la cara en cada capítulo a cada uno de nosotros.

Mi abuelo Luis Merlo, al que siempre rendiré homenaje mientras viva, decía que en esta profesión había géneros y que ese naturalismo ha acabado con los géneros. Está la tragedia, la comedia, el drama, la farsa... y esto es una comedia enloquecida. El actor que la interpreta tiene que enloquecer un poco y eso parece que está mal visto porque te pueden tachar de un actor intérprete. Estoy feliz de serlo y estoy cansado de los actores creadores si no les entiendo.

¿Ha coincidido con personajes como el de Loles León o el de Eva Isanta?
Digamos que el vínculo de unión de mi aparición en esa serie es mi terapeuta, Judith, pero después de eso ,que sucede en los dos primeros episodios de mi incorporación, había que incluirme en una comunidad. Cómo me incluyo en la comunidad en la que digo el título de la otra serie es a través de la música y eso ha sido una especie de enloquecido flautista de Hamelín que ha traído algo a la comunidad.

¿Ha tenido que tocar el piano? ¿Sabe tocarlo?
Sé tocarlo, pero jamás como un concertista de fama internacional. He contado con la ayuda del maestro Vladimir que es un magnífico concertista y luego con la investigación de las nuevas técnicas audiovisuales. Yo sí poseo la colocación al piano porque toco el piano como hobby pero luego a través de unos efectos el cuerpo es el de Vladimir y la cabeza es mía.

¿Bruno ha llegado para quedarse?
Sí. Yo solo quise el reencuentro. Primero el personal en una reunión y luego el reencuentro profesional. El amor nace con vocación de eternidad, nunca termina la vez, pero en este caso ni por parte de ellos ni por la mía queremos que termine. Acaba de empezar. Entonces, sí.

¿Qué le tira de la televisión para volver después de tantos años ligado al teatro?
Amo el teatro, pero afortunadamente cuando tienes un productor como mi hermano, que sabe muy bien cómo hacer su oficio y encuentras un texto como el de Jordi Galcerán y tienes un compañero como Carlos Hipólito, estás tres años haciendo lo mismo y tienes que conseguir que cada día parezca el primero. Pero inevitablemente un actor que tenga cierta inquietud, después de tres años necesita probar algo nuevo. En televisión o en cine un personaje sucede por primera vez. Yo necesitaba esa primera vez. No la he provocado, ha sido un encuentro casi fortuito. Todo a veces es muy fortuito para llegar a una cosa muy sólida como es tu trabajo que es de lo que en última instancia vives y comes.

Después de un par de años apartado de la tele, ¿cómo valora la salud que goza la ficción española?
Pienso que ahora mismo el mundo de la creación internacional está en la televisión. La inversión para hacer una película es brutal, el tiempo de preproducción, rodaje, y de postproducción es brutal y dicen sí o no en cinco minutos. En cambio, en la televisión se pueden generar proyectos de manera más rápida y en la emisión ya sabes que está sucediendo. Creo que tanto en España como en el mundo hay una televisión en la que en vez de 13 capítulos se crean 13 películas de distintos géneros. Ya ves como actores que solo hacían cine ya están metidos en la televisión. A mi me fascina la televisión porque tiene una prisa que genera una energía muy saludable para u personaje.

¿Qué series le llaman más la atención actualmente?
Hombre, no soy objetivo. Me llama la atención La que se avecina, hay un clásico que es Cuéntame cómo pasó. Se hacen cosas valientes, con formatos más pequeños o formatos más violentos... Hay que hacer proyectos que no tengan excesos de idea de marketing previa porque se recorta la libertad. En la industria americana las tienes todas porque ellas inventaron esto. Ahora mismo sigo American Crime y la idea de que los mismos actores hagan historias completamente distintas... Esa idea me llama muchísimo la atención.

Hay mucha gente que opina que en la escena cada vez se parece más a su padre ¿qué sentimientos le producen estas comparaciones?
Admiración. Yo creo que este trabajo es tradición y transmisión de esa tradición. La gente que mira para atrás piensa que puede pecar de ser antigua. Yo creo que es difícil saber a dónde vas si no sabes de dónde vienes. A mi me gusta mirar para atrás y tuve la suerte de conocer y trabajar con mucha gente y fijarme en su voz me hizo intuir la voz que yo quería tener como actor. Sin duda alguna, mi padre ha sido una voz de referencia en el mundo de la comedia en televisión y el teatro. Es un orgullo. 

¿Es de los que cree que cualquier tiempo pasado en el mundo de la interpretación fue mejor?
Tuve la suerte de vivir en la época de los maestros que por lógica generacional se han ido. Ahora Víctor Palmero decía que había crecido conmigo, y no significa que yo fuera un maestro, significa que puede trabajar con alguien que le ha motivado a dar el paso para ser actor. Pues esa gente, la mía, ya no está.

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viernes, 8 de abril de 2016

“Mi personaje es un músico neurótico que lo hace todo mal”

Muchas novedades y, sobre todo, muchas risas en la rueda de prensa de la novena temporada de ‘La que se avecina’. Los actores y los creadores de la serie nos cuentan en exclusiva todo lo que necesitas saber del estreno, que Telecinco emite el martes 5 de abril en prime time. Luis Merlo, Loles León y Miren Ibarguren se mudan al Mirador de Montepinar. “Mi personaje, salvo tocar el piano, lo hace todo mal. No sabe tener amigos, su mujer le ha dejado y es un neurótico”, avanza Merlo.


Luis Merlo es Bruno, un adicto a las consultas de Judith
Inseguro, neurótico, hipocondríaco e inestable: así es Bruno Quiroga (Luis Merlo), concertista de piano que se enfrenta a uno de los momentos más duros de su vida cuando su esposa decide poner fin a su matrimonio. Tras la separación, acudirá a la consulta de Judith Becker en busca de ayuda para poder retomar las riendas de su existencia.


Desde la primera sesión, Bruno desarrollará un claro síndrome de dependencia hacia su terapeuta y su obsesión por estar cerca de ella le llevará a comprar el 1ºB. Debido a su incapacidad para tomar decisiones, requerirá la continua opinión de Judith. Además, sus ensayos diarios de piano crearán graves trastornos a los habitantes de Mirador de Montepinar.

lunes, 8 de febrero de 2016

“Bruno es aún más neurótico que Mauri”

Ya ha grabado los capítulos de la novena temporada de la serie, todavía sin fecha de estreno en Telecinco. Además, nos habla de su lado más familiar y personal: “A los 50 solo rindo culto a la mente”.

Luis Merlo
Hijo de Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo, nieto de Ismael Merlo, sobrino de Amparo Rivelles… Sin duda, Luis Merlo tiene genes de actor. Tres décadas después de su debut sigue hablando de inseguridades en la escena, pero en el fondo es un idealista con un toque de desencanto. Pronto lo veremos en la novena temporada de La que se avecina: “Ha sido como volver a casa”.
 
En la obra de teatro El crédito 
hablas de villanos y también de héroes. ¿Tú tienes el tuyo?
Sí, cualquier persona capaz de seguir luchando por la cultura en esta isla desierta donde nos han dejado lo es.
 
¿Es sano reírse del sufrimiento?
No hay nada más sano que reírse de uno mismo. Jordi Galcerán, que se parece a Woody Allen, transforma en humor negro temas que a priori no hacen gracia. Mi tía Amparo, a quien más he querido en este mundo, nos hizo reír una semana antes de morir. ¡Eso es el sentido del humor!
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¿Crees en el destino?
No, porque entonces pensaría que todo se lo debemos al azar. Yo creo en el ‘destino currado’.
 
Tu compañero en escena es Carlos Hipólito. ¿Alguna vez saltan chispas entre vosotros?
Igual hemos tenido dos choques en tres años, pero con cariño y complicidad. Este trabajo es como un matrimonio de desecho maravilloso (risas).
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Tú llevas casado varios años…
Tanto tiempo que estamos a punto de separarnos….(risas) Es broma, es broma.
 
¿Te gustaría tener hijos que siguieran tus pasos?
No. Me parece la cosa más difícil del mundo, y yo soy más egoísta. A un hijo solo lo educas para que se marche. Lo que tengo para volcarme afectivamente son animales de acogida que encontré en situaciones precarias.
 
¿Te ha marcado pertenecer a una familia de tanto éxito?
Ellos eran libres cuando aún mandaba un señor de Ferrol y hablaban de literatura y libertad de expresión. Tuve una familia cósmica con todos los astros: abuelastra, padrastro, madrastra…
 
Debutaste en teatro en 1985 y por la puerta grande, con Mario Gas.
Fue hace 30 años y nunca me he sentido un alumno aventajado; al contrario, he sido muy torpe. Por esas inseguridades he tenido que trabajar el doble que los demás. Enseguida tuve claro que ésta no es una profesión para cobardes ni para pusilánimes.
 
¿Por qué eres tan inseguro?
Porque no me gusto. Por eso amo el teatro, porque solo veo los defectos y como en directo no me puedo ver (risas).
 
El éxito en televisión te llegó con Aquí no hay quién viva. Vuelves con otro registro.
Sí, el personaje de Mauri es el regalo más bonito que me han hecho. Ahora cambio de registro con Bruno, un paciente de Judith [Cristina Castaño]. Es un neurótico, ¡más que Mauri!, lleno de ternura y contradicciones.
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¿Cómo te sientes camino de los 50?
Mejor que nunca. Pero, claro, a peor no podía ir (risas). Mi mal endémico es que siempre me ha interesado más el bienestar ajeno que el propio. Yo de joven era un señor con una bolsa que decía: “Ya veré dónde duermo hoy”. Pero con la edad todo se calma.
 
Fue muy comentada tu imagen con 18 kilos menos y musculado para la obra El deseo. ¿Desde entonces cultivas el cuerpo?
Iván Perujo, el que se publicitó como mi entrenador personal, es un sinvergüenza que creía amigo; por eso no le demandé. Solo me queda decir que yo no hago homenajes de culto al cuerpo; fue una preparación para un trabajo concreto. A mis 50 años, prefiero rendirme a la mente y a las personas interesantes.
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DE UN SORBO
¿Te gusta el café?  

Solo tomo el del desayuno, hecho en una cafetera que Maribel Verdú, mi cuñada, 
y mi hermano me regalaron el día de mi boda.
 
¿Te levantas 
de buen café? 

Hasta pasada media hora mejor no te acerques a mí.
 
¿A quién invitarías? 

A José Luis Zapatero. Pasarán muchos años hasta que vuelva a surgir alguien así. Apoyó los matrimonios homosexuales, la protección en educación, retiró las tropas de Irak… 
 
¿Y no darías ni agua…? 

Al que vino después de Zapatero.
 
¿Y si te diera poderes…?
Pediría el de la igualdad de una puta vez.

 
Un libro.
La tregua, de Mario Benedetti.
 
Y un deseo.
Me conformo con no volver 
a ver la cara de Montoro.

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sábado, 23 de enero de 2016

Entrevista con El Mundo

A PRIMERA VISTA Una torre de muecas con voz de tórax surge de entre la sombra y empieza a hablar. Es un hombre a punto de los 50 años y todo apunta a una vida de medio siglo. Luis Merlo para creerlo / Es el ramal de una estirpe de actores, de un árbol genealógico como un bosque animado donde los domingos la familia iba de excursión a la ficción / Nunca dejó de nacer en el teatro, donde nos venga con El crédito. Y siempre volverá a la tele, ay La que se avecina / Multiplica el verbo, hace yoga y duerme mejor que cuando vivía el sueño de no dormir / Es un tipo ileso de sus excesos, pero no de sus restos. Sólo había que preguntar...

1- ¿Hay que Merlo para creerlo?
¡Hay que Merlo! Así me llama mi cuñada Maribel Verdú: 'Ha venido Merlo para creerlo'. Siempre hay que Merlo todo para creerlo.

2- Una familia de actores, ¿cómo sabe que se quiere?
Ja, ja... Porque, por fortuna, las cosas importantes no se verbalizan. Hechos son amores. Mi familia se crió en absoluta liberalidad cuando aún mandaba un señor de Ferrol. Cerca de mí estuvo la literatura, la libertad de expresión... Ah, eso sí, encontrarles era difícil. Eran muchos y no pidieron permiso. Yo tuve una familia cósmica porque tuve todos los astros: abuelastra, padrastro, madrastra... Somos cósmicos.

3- ¿Hay que estar loco para estar cuerdo?
A veces la locura me ha pasado factura, pero la cordura también. La cordura está contagiada de cobardía, que dos y dos siempre deben ser cuatro. Cuando eso sucede nos apartamos de lo inexplicable de la vida.

4- ¿Por qué hace nueve temporadas usted rechazó estrenar La que se avecina y ahora se compra un piso en esa serie?
Porque para tener una vida rica no hay que aferrarse a las opiniones. Aferrarse a las opiniones es tener miedo a la muerte. Yo no estoy nada aferrado a mis opiniones.

5- Si usted petó un día con tanto teatro y televisión a la vez, ¿por qué vuelve ahora al riesgo del abismo?
Porque a los treinta uno debe hacer más cosas. Ahora, con trabajar, tengo. Y llegar a casa, leer, comer sano... Y acariciar a mis perros, recogidos de la calle. El personaje más adecuado para mí sería un vagabundo que ha encontrado un rincón donde meterse. Yo de joven era un señor con una bolsa que decía 'ya veré dónde duermo hoy'. Es una pena, porque no es que haya dejado el alcohol, es que el alcohol me ha dejado a mí. El sentido de la medida no ha sido el mejor de mis sentidos; cuando algo me ha gustado, como el alcohol, lo he hecho sin contención. Me lo bebí todo.

6- ¿Cómo se devuelve El crédito?
Me remito a mí, y no porque sea un ególatra, que lo soy, sino porque necesito comprender qué quiero como espectador, que es olvidarme de lo que le pasa a Luis. Un deseo del ciudadano es reírse y descalificar a los poderes fácticos, como la Banca.

7- ¿Qué es la que se avecina sin cursiva?
Se avecina que los políticos tienen que volver a aprender a escuchar.

8- Veinte españoles ricos tienen tanto dinero como 14 millones de pobres y la desigualdad ha crecido aquí 10 veces más que en Europa. ¿A quién enriquece la pobreza?
A los ricos. Un amigo me dijo que los mendigos van cada vez mejor vestidos. Que desaparezca una clase media con ciertas comodidades es una catástrofe. Los productos caros se han seguido vendiendo, o sea, que la pobreza hace ricos sólo a unos.

9- Ya que todo el mundo se pregunta por la sexualidad de todo el mundo, dígame, ¿España de qué condición sexual es?
España es afortunada y sanamente bisexual.

10- Cuénteme aquella vez en que hubo que Merlo para creerlo...
Haciendo de Calígula, salían los patricios, yo los paraba y les daba una arenga existencialista. Un día que yo estaba muy cansado, salen los patricios, los paro y pienso: '¿Cómo me llamo, qué hago aquí, quiénes son éstos? Yo me voy'. Y me fui. Salí, me paró el regidor y me dijo: ¿Dónde vas?' y le dije: '¡A mi casa!'. Entré en razón, salí y, por honestidad y morro, le rogué al público que me dejara volver a empezar la escena. Me dieron un aplauso y salí. Volvieron a entrar los patricios, volví a poner la mano y volví a no saber dónde estaba. Pensé: '¿Y cómo le digo a esta gente que me he vuelto a equivocar?'. Y les solté un rollo de Roma hasta que enganché. ¡Horrible!

11- ¿A quién le gustaría olvidar?
A gentes de mi pasado que no olvido y no podré volver a ver. El dolor es bastante inútil y estéril. Nace y se queda en mí. Olvidar a los queridos que se han ido definitivamente.

12- ¿Prefiere cumplir 50 años o medio siglo?
Ninguna de esas dos cosas tan desagradables, ja, ja... Ya no podemos doblar. (Bueno, denos tiempo) Ja, ja... Hasta los cuarenta y tantos, piensas ¿por qué no voy a vivir 90? Pero ya 100... Multiplicar por dos se ha terminado en nuestras vidas.

(+1) ¿Y usted qué me respondería si se atreviera?
Nada.

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viernes, 14 de agosto de 2015

"En esta obra, como en la vida, todo puede cambiar en un momento"

«En esta obra, como en la vida, todo puede cambiar en un momento»

El dramaturgo Jordi Galcerán (Barcelona, 1964) es el mago de la escena española actual. Parece tener una varita mágica que convierte en éxito asegurado todas sus comedias. Títulos como «El método Grönholm», «Cancún», «Fuga» o «Burundanga» –ahora también en cartel en el madrileño Teatro Lara– obtuvieron una calurosa acogida. Su última pieza, «El crédito», no solo ha seguido el mismo camino, sino que lo ha incrementado. Tras estrenarse en 2013 en el Teatro Arriaga de Bilbao, llegó al Teatro Maravillas de Madrid. Y llegó para quedarse. Hoy comienza su tercera temporada, con la previsión de que permanecerá en cartel hasta marzo del próximo año. Sin duda, en el éxito del montaje se ha unido al texto de Galcerán, la espléndida dirección de Gerardo Vera –exdirector del Centro Dramático Nacional y Premio Nacional de Teatro en 1988–, y la interpretación, en verdadero estado de gracia, de dos actores, Carlos Hipólito y Luis Merlo, tan respetados por la crítica como queridos por el público. Algo que es recíproco, pues apunta Luis Merlo: «Creo que el espectador de teatro es digno de admiración, y más en estos tiempos económicamente difíciles, y donde existen tantos reclamos de ocio. Tiene que sacar una entrada, quedar con los amigos, desplazarse...». 

Insólito órdago
«Nosotros, y pienso que todos los actores de teatro –prosigue– hemos depositado un gran cariño y respeto en el público, que, afortunadamente, nos lo ha devuelto con creces». Y añade Carlos Hipólito: «Hay que darlo todo en el escenario. Con esta obra, aunque llevemos tantas representaciones, cada día es como si fuera la primera».

La obra comienza con una situación muy habitual: un día, Antonio –al que da vida Luis Merlo– va a una sucursal bancaria a pedir un crédito. Pide una cantidad modesta, pero de vital y urgente importancia para él. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos por conseguir su propósito, el director de la sucursal –Carlos Hipólito– no atiende a razones y se lo niega. Antonio no cuenta con avales, Sólo ofrece como garantía su palabra de honor. Pero esa garantía, le dirá el director, no vale porque no puede contabilizarse en euros. A partir de ese momento, lo más probable es que el común de los mortales habría aceptado la negativa. Con tristeza, pero resignado. Antonio, sin embargo, no hace eso ni abandona el Banco. Muy al contrario, le lanza al director un insólito órdago que desencaderá un combate verbal que provoca la continúa carcajada en el patio de butacas.

Para Carlos Hipólito, quien ya trabajo en «El método Grönholh», el secreto está en el texto del autor catalán: «Es un texto brillante, muy divertido. Galcerán parte de situaciones cotidianas, que todos hemos podido vivir, y les va dando vueltas de tuerca para verlas a través del prisma de un humor inteligente. El derrotero que aquí toma la trama es excepcional, pero está dentro de lo verosímil. Sus obras están construidas como mecanismos de relojería, mete el gag en el momento preciso, y el conflicto nunca se estanca, va introduciendo sorpresas continuamente». 

Por su parte, Luis Merlo, que confiesa que descubrió a Garcelán como espectador de «Palabras encadenas» y quedó fascinado, señala: «Garcelán no solo consigue una impecable carpintería teatral, sino que aquí estamos como en la vida, donde una situación puede cambiar de un momento a otro. Por ejemplo, estamos en una cena, con muchas risas, y de pronto alguien pronuncia una frase poco afortunada y, entonces, no es que pase un ángel, como suele decirse, sino que la cena se hiela. Y, luego, quizás puede recomponerse. Mi personaje va a la sucursal con un objetivo muy claro, pero en el camino se va metiendo emocionalmente en el problema del otro, y descubre sus grietas, que no lo tiene todo ni mucho menos controlado».

Personajes contradictorios
Precisamente, en cómo ha concebido el autor a los personajes cifran los dos actores uno de los mayores atractivos de «El crédito»: «Son personajes –subraya Carlos Hipólito– muy cercanos, muy humanos, no son de una pieza. Incluso el mío que mira desde su atalaya –es un tipo que no tiene nada que ver conmigo, pero me divierte mucho interpretarlo– es, en el fondo, un pobre hombre». Y Luis Merlo indica: «Con mi personaje tenía la opción de ser solo un estratega o entrar en el juego, y elegí esta última. Se cree todas las mentiras que se ha contado y depende mucho de las reacciones que suscita en el otro». Hipólito y Merlo coinciden en destacar que uno y otro «están llenos de contracciones, como todos nosotros, y el público puede empatizar fácilmente con ellos». 

Esta pieza de Galcerán demuestra que la risa sí tiene crédito, y mucho. Aunque, a veces, es una risa peculiar. «Una de las cosas que más me gusta como lector o espectador es esa sensación de pequeña culpabilidad después de haberme reído. ¿Por qué me río si lo que estoy viendo es tremendo? Creo que Galcerán saca mucho partido a este juego, y nos hace entrar y salir de la risa». Y, también, la obra no deja de llevarnos a reflexionar sobre cuestiones, como la que recalca Carlos Hipólito: «Hoy se ha perdido el valor de dar la palabra, lo que revela lamentablemente que importan más los números que las personas, sobre todo en determinados ámbitos. Yo mismo pasé por varias entidades bancarias, y me quedé en la que me trataban con más consideración como ser humano».

"No me gustaría tener hijos, me parece la cosa más difícil del mundo"

Luis Merlo vuelve a los escenarios con la tercera temporada de El crédito, función que protagoniza junto a Carlos Hipólito y con la que no han dejado de cosechar éxitos.


Foto 1 de Luis Merlo: "No me gustaría tener hijos, me parece la cosa más difícil del mundo"

Centrado en el teatro, el actor no descarta volver muy pronto a la televisión aunque por el momento no puede avanzar nada. Lejos ha quedado aquel niño que de pequeño quiso seguir los pasos de su familia para convertirse en la tercera generación de actores. Ahora se cumplen treinta años de su debut y el actor no puede sentirse más agradecido de cómo le ha tratado la vida. Pese a que Luis Merlo es bastante receloso sobre su vida privada y no le gusta exponerse ante los medios a no ser que sea necesario, el actor tiene claro que no le gustaría ser padre. Lo ve una tarea muy difícil y de momento prefiere conformarse con sus sobrinos y sus perros.

¿Cómo afrontas esta tercera temporada?
Con mucho agradecimiento y mucha ilusión. En los tiempos que corren es muy difícil conseguir esto y creo que solo se consigue teniendo la suerte de conectar con el público. El púbico de teatro es muy fiel y viene dispuesto a creerse este cuento.

Una temporada dará seguridad
El nivel de examen disminuye pero no la atención de hacerlo como si estrenásemos cada tarde. El espectador que viene acude al estreno para él. El nivel de examen entre Carlos y yo ha desaparecido y con el público se sale algo más confiado al ver que ha triunfado tantas veces.

¿Cuál crees que el secreto del éxito que está teniendo la función?
Es un cúmulo. El público se mata de la risa pero también vive unas emociones en los personajes. Sobre todo con el personaje de Carlos que empieza muy arriba y poco a poco se va desarmando, creo que ese desarmado nos ha pasado a todos en la vida. Nos produce cierta empatía cuando ves a una torre alta caer. Con dos personajes parece que somos más porque hay muchas situaciones que cambian. Hay muchísimo elemento sorpresa

Como actor, ¿Qué es lo que te hace no perder la ilusión?
 Hacerlo con Carlos Hipólito, salir con él. Hasta la última función que haga en la vida la haré haciendo todo lo posible para que el público sienta lo que yo sentí de pequeño cuando dije que quería ser actor. Mover algo en el público. El día a día, venir aquí y prepararnos, el jugar, todo va provocando algo y hace que la función sea la misma en esencia pero a la vez cambie.

De pequeño soñabas con estar sobre el escenario y ahora cumples treinta años en él
Tras treinta años puedo dar las gracias porque pocas personas tienen esta posibilidad. Treinta años no es nada como dice el tango. He tenido la suerte de poder vivir de ello, me siento afortunado.

¿Haces un buen balance?
Sí, no solamente en lo profesional, en lo personal también.

Estás muy centrado en el teatro, ¿No echas de menos la televisión?
Sí, es posible que suceda algo en televisión.

Se habló de un posible fichaje en La que se avecina
No puedo contar nada, pero es posible que tenga un proyecto de televisión del que todavía no puedo hablar.

 ¿Qué cosas te han desmoronado en la vida?
Muchas cosas. Las mismas que a todos, cuando me ha dejado alguien que amaba y me ha tocado aprender a vivir sin esa persona se me ha desmoronado la vida. También cuando he perdido a un ser querido. Lo mismo que a todos, me pasa exactamente igual que a todo hijo de vecino. Parece que vida reluce más porque estoy bajo los focos, pero eso solo es el trabajo. Es bueno hacer que el público pueda creerte de un personaje a otro y por eso soy bastante celoso de mi vida privada. A la gente que me conoce le cuento mi vida y tengo muy pocos puentes de contención a nivel de comunicación.

A veces el público quiere saber más del actor
Sí, pero con el tiempo la gente aprecia que salgamos en los medios cuando tengamos algo que contar y no exponerte porque sí. Solo salgo cuando tengo algo que contar profesionalmente o para dar las gracias como cuando el fallecimiento de mi tía Amparo por lo bien que nos había respetado la prensa. No era algo que me apeteciese hacer pero comprendí que era lo que debía hacer por el inmenso respeto que ella había cultivado toda su vida. Si se casa alguien de la familia es lógico estar ahí y hablar de cosas privadas, yo soy fan de salir cuando tengo cosas profesionales que contar.

Siendo tercera generación de actores, ¿No te gustaría tener hijos que siguiesen tus pasos?
No me gustaría tener hijos, me parece la cosa más difícil del mundo. Soy tío y vivo lo que es una labor que sale bien pero es muy difícil. Soy más egoísta, a un hijo lo educas para que se marche. Lo que tengo para volcarme afectivamente son animales recogidos en casa, no comprendo cómo se puede tratar así a los animales en un país como este. Amo a los perros y vienen para quedarse, no hay que prepararlos para que se marchen. No hace faltar comprar animales, hay muchos que están esperando un hogar.

¿Todo lo que tienes son perros?
Tengo todo perros de acogida y me queda un gato, tuve tres. Recogidos de situaciones muy precarias.

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"La libertad sexual se conquistó en el teatro"

Los actores van a por la tercera temporada de 'El crédito', la exitosa obra de Jordi Galcerán, en el Teatro Maravillas 

Los actores Carlos Hipólito y Luis Merlo reestrenan 'El...

Luis Merlo (Madrid, 1966) habla con voz nasal y pasión indisimulada. Le late a lo loco el árbol genealógico, se ríe a carcajada limpia. Tiene ese temperamento intenso del teatro viejo y los tiempos nuevos.

Ya no es Mauri -Aquí no hay quien viva- y no quiere serlo. Ahora disfruta como un crío con Carlos Hipólito (Madrid, 1956), su compañero de escena de El crédito por tercera temporada. Tres veces fraternidad deliciosa. Se miran y se descojonan. Pero en la obra sus relaciones de fuerza son bien distintas: Merlo es un mindundi, un bohemio descarado que acude al banco a pedirle un crédito a Hipólito, sobrio director de la sucursal. Éste, con la respetabilidad que concede la corbata y el discurso recto, lo manda al carajo. Y el primero no se achanta. «O me presta usted los 3.000 euros o me acuesto con su mujer». Después se sucede el enredo capitaneado por Jordi Galcerán, que hace ya le encontró el punto G al público con obras como El método Grönholm (2003) o Burundanga (2011). Entre bastidores, Luis se declara, meloso: «Afortunadamente, en el banco del afecto de Carlos tengo saldo ilimitado». Ahora, en el tercer asalto, ambos disfrutan más de su interacción con el otro «porque la obra está testada. Ya sabemos que al público le gusta. Entonces empezamos a disfrutar, encontramos un gesto nuevo, otro punto de vista... guiños entre nosotros, siempre respetando el texto».

Hipólito y Merlo llevan las tablas incrustadas en alguna capa de la piel. Y lamentan que este arte haya dejado tantas cosas en el camino. «Los grandes maestros del teatro, triste pero inevitablemente, se han ido. La cultura es tradición y transmisión y, al haber perdido a gente tan sabia, este trabajo se ha debilitado», sostiene Merlo. «Pero hay algo más que he vivido desde pequeño. Hoy día tenemos conquistadas unas libertades que antes existían sólo en el mundo del teatro o de la cultura. La libertad sexual, por ejemplo. El ser homosexual, el no haber pasado por la vicaría, el ser madre soltera... El artista tenía una visión del mundo propia de una profesión liberal y muy ajena a la España en la que yo me crié », evoca.

«Yo he visto a mi madre cargando con el niño de una actriz soltera que tenía que salir a escena. Y todos cuidando al bebé». «Es cierto», replica Hipólito, «ahora hay desconexión entre profesionales. Tengo esa nostalgia, ese recuerdo romántico de que éramos una familia».

Los actores tratan de no perderse en ese orgasmo que es el aplauso y acuden a miradas exigentes. «Mi público más severo es mi mujer», guiña Carlos. «Ella me da la medida de las cosas». «En mi caso, mi hermano», explica Luis. Se refiere a Pedro Larrañaga, el productor de El crédito. «Él no es incisivo, pero sé con sólo mirarle si lo que estoy haciendo le interesa o no. Es necesaria en la vida la gente que no sea capaz de mentirte, porque queremos oír lo que queremos oír y eso nos condena a no crecer».

Hipólito y Merlo no creen que «todos los espectáculos deban ser digeribles por todo el mundo». «Tiene que haber un tipo de teatro más elevado intelectualmente. Alguien lo puede tachar de elitista, pero por esa regla de tres sólo leeríamos novelas policíacas. Desaparecería el ensayo», razona Carlos. «Hemos caído en la cultura del ¡qué divertido! Pero, ¿es que pensar no es divertido, sorprenderte, ir más lejos...?», repone Luis. «Hay diversión sin risa. Lo he escuchado mucho, sobre todo en la gente mayor: 'Qué bien me lo he pasao. Lo que he llorao'». Carlos pone voz de anciana efusiva. Luis se troncha. 

Apoyan las iniciativas populares de la industria -como el Teatro del Barrio- pero, ojo, «me apena que las obras de garaje, en las que la entrada es un trozo de papel de estraza, no se hagan porque se han elegido como forma nueva de comunicar. Se hacen por supervivencia, porque los de arriba obligan a que sea eso o nada», critica Merlo.

El artista es también animal político: ya salió a la calle en su día a patalear contra la guerra de Irak y no se hace el tiquismiquis para volver a meterse en el barro hasta las rodillas. «Hay tantas guerras librándose en el mundo por un trozo de tierra... Mira el conflicto palestino. Lo de honrar la bandera. Joder, la bandera es un trozo de tela lleno de sangre. Yo me manifestaría todos los días porque hayamos perdido el derecho a la vida digna». Hipólito se une. «Hay que manifestarse contra el Partido Popular», invita, sonriendo. «Se creen que dimitir es un nombre ruso».

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sábado, 9 de agosto de 2014

"La única manera de trabajar que sé es dándolo todo"





Los actores Carlos Hipólito y Luis Merlo son los protagonistas absolutos de la comedia "El crédito", de Jordi Galcerán. Se representó anoche en el teatro Palacio Valdés y hoy y mañana la función podrá verse en el teatro Jovellanos de Gijón. La comedia fue uno de los éxitos de la temporada pasada en Madrid. "Volveremos este otoño", promete Luis Merlo, que atiende la llamada de LA NUEVA ESPAÑA minutos antes de comenzar un doblete en Vitoria. "Esta noche hacemos dos funciones, pero mañana [por hoy] estaremos en Avilés", añade Merlo, heredero de una familia de artistas de primera envergadura. "No conozco otra manera de trabajar que dándolo todo", asegura.
 
Y lo da todo sobre la escena. "El crédito" es una comedia que comienza cuando el director de un banco deniega un crédito a un cliente. Hipólito es el director y Merlo, el cliente. "Un hombre muy inteligente que reacciona ante la negativa de una manera extraordinaria", anuncia el popular actor madrileño. La reacción del personaje de Merlo no tiene nada que ver con la violencia, pero el resultado familiar inquieta de la misma manera. "Carlos Hipólito cree que está todo atado y bien atado y descubre que no es así", señala Merlo. 

El actor madrileño participa en "El crédito" "primero por trabajar con Carlos Hipólito, que es una referencia para los actores de mi generación", asegura Merlo. "Después vino el texto y también trabajar en un nuevo proyecto de mi hermano Pedro Larrañaga", reconoce Merlo. Larrañaga es uno de los productores de teatro con mayor éxito de España, es el director del teatro Maravillas, que es el odeón al que regresará la comedia de Galcerán en cuanto termine la gira veraniega. 

La propuesta de Galcerán "es perfectamente verosímil", asegura Merlo. "Los espectadores se identifican con cualquiera de los dos personajes", asegura. "Y es normal, mi personaje llega a pedir un crédito con la creencia de que la palabra dada sirve como contrato", explica.

jueves, 7 de agosto de 2014

"No hay acto que justifique tantísima crueldad por parte del pueblo israelí"

Luis Merlo.

El actor Luis Merlo, que está de gira en Euskadi con la obra "El Crédito", reivindica su derecho como ciudadano a alzar la voz contra decisiones gubernamentales que rechaza y advierte de que el Gobierno del PP no va a conseguir silenciar ni a los ciudadanos ni al sector cultural. "Es increíble la manía que nos tiene a los actores", lamenta. Merlo no es nuevo en el negocio. Tras más de treinta años saltando de teatro en teatro y conquistando al público con sus afamados papeles televisivos en "Aquí no hay quien viva" y "El Internado", conoce bien el gremio. Afirma que en las actuales condiciones, "castigados con el IVA cultural más alto de Europa, es muy difícil, casi un milagro, crear proyectos meditados, solventes y maduros". Además de repasar la complicada coyuntura que atraviesa la profesión, lamenta "el sufrimiento y la poca felicidad que percibe entre la sociedad".  En su conversación con el diarionorte.es se ha detenido también a censurar la masacre en Gaza. En este asunto, a su juicio, no caben medias tintas: "No hay acto que justifique tantísima crueldad por parte del pueblo israelí", sentencia.

En la obra que estos días exhiben en los teatros de las tres capitales vascas interpreta a un hombre que pide un crédito y no se lo conceden. Se trata de una situación muy común hoy en día, ¿usted la ha vivido?
Sí claro, eso nos ha pasado a todos. Es la excusa de Jordi Garcelán para crear una comedia desternillante. Consigue convertir en comedia algo poso susceptible de serlo. Le niegan el crédito porque el único aval con el que cuenta es su palabra. Entonces el lanza una amenaza al director de la sucursal, amenaza que nada tiene que ver con la violencia y que nadie se espera. Se genera a partir de ese momento una situación completamente verosímil pero completamente disparatada. Es cierto que se incluyen referencias al presente, por la situación con la que comienza la obra, pero no trata de la crisis, trata de un viaje de dos personas.

Entonces no es una comedia banal, deja poso e invita a la reflexión, ¿no?
Es una comedia con contenido, a mí nunca me ha gustado la comedia de burla sino la que contiene cierta inteligencia. Y ésta lo es. La mejor prueba es que es muy difícil que a un actor por una comedia le den un premio tan prestigioso como el Valle Inclán que ha recibido Carlos Hipólito.

¿Aprovechan para criticar a la banca?
La banca siempre es criticable pero no se centra en eso. La reflexión final es que nos empeñamos en planificarlo todo sin contar que la vida también tiene planes para nosotros. El personaje de Carlos Hipólito cree que lo tiene todo bajo control y de repente llega una persona y se lo desmonta.

Dados los tiempos difíciles que vive la sociedad, ¿se busca lograr una catarsis en el espectador, que la butaca se convierta en el diván del psicólogo?
Pienso que la literatura, el cine, cualquier tipo de comunicación no puede dejarte indiferente. De esta función la gente sale habiendo reído mucho y con mucha energía y sale hablando de la obra y continúa hablando de la obra. La función se alarga, no acaba cuando baja el telón.

Se le echa de menos en la televisión. ¿El sentimiento es recíproco ?¿Añora usted la pequeña pantalla?
Hay un momento, sobre todo ya a mi edad, en que hay que elegir. He sido muy feliz haciendo Aquí no hay quien viva, haciendo El Internado pero no podía ni he querido nunca dejar mi carrera de teatro. Y sí lo añoro, pero después de esos dos personajes tan bonitos solo haré televisión cuando considere el proyecto que me ofrecen es tan atrayente como los de esas dos series.

¿Qué es lo mejor y qué es lo peor de trabajar en televisión?
En un teatro, aún en uno grande, llegas a mil y pico personas. Con la televisión una noche te pueden llegar a ver, seis, siete, ocho millones de personas. Eso es hermoso. Y más con un personaje como Mauri, que ha generado una percepción muy distinta con respecto a las personas que tiene una elección sexual diferente a la de la mayoría. Contribuir a eso también ha sido muy bonito. En cuanto a lo peor, vivir situaciones muy estresantes para poder compaginar dos medios que se enfrentar en los horarios. Solo hay una fórmula para combinar el plató y las tablas y consiste en robarle horas al sueño. Dormía en el coche, en los viajes. Llego un momento en que sentía que no estaba rindiendo ni en un sitio ni en otro. Hoy en día no se puede quejar uno porque tenga trabajo pero, tanta prisa, esa sensación de que no llegabas, no la quiero repetir.  Haré televisión cuando no esté haciendo teatro.

La televisión está al alcance de todo aquel que pueda permitirse un aparato, pero consumir cine o teatro se han convertido en un lujo debido a su elevado precio. ¿Se está maltratando a la cultura con las últimas medidas adoptadas como la subida del IVA?
Hay datos objetivos indiscutibles. El del IVA cultural español confrontado con el del resto de Europa, incluso con el de Grecia, lleva a una única reflexión: aquí pasa algo. Loa actores, como todos los gremios, nos adaptamos a tener que ganar menos como lo estamos haciendo. Pero lo que es muy difícil, con un IVA cultural del calibre que tenemos, es ofrecer un teatro como, por ejemplo, el de Larrañaga. Crear proyectos muy meditados, solventes, con madurez es verdaderamente difícil en esas condiciones, casi un milagro. Hay todo un entramado inmenso dentro del mundo de la cultura, en el que incluyo al espectador, afectado por esas medidas.

¿Qué consecuencias tiene para la sociedad que se consuma menos cultura?
Puede parecer muy frívolo mi comentario, pero yo lo que veo es muy poca felicidad en la sociedad. Muy poca alegría. Recuerdo un comentario de un amigo economista que me dijo hace poco que los mendigos cada día van mejor vestidos. Uno puede aceptar y asumir que está viviendo en un país en crisis pero lo que no se puede hacer es proselitismo de cara a unas nuevas elecciones diciendo que empezamos a mejorar. Seguimos estando mal.

 ¿Más allá del entretenimiento, el teatro, el arte, la cultura tienen alguna misión?
Conmigo sí ha cumplido una misión. Han conseguido un cambio. A mí me han despertado un deseo, el de ser mejor persona y me provoca inquietudes; darme cuenta que vivo en sociedad y tengo compromisos como ciudadano hacia ella y debo colaborar. A mí todo eso me lo ha dado la sensibilidad de la cultura, la sensibilidad del arte. No solo sirve para disfrutar, pasar un buen rato. La definición de cultura que manejan algunos políticos es muy limitada. La subestiman y la frivolizan. No se entendería el mundo de igual forma si no tuviéramos la música que podemos escuchar, la pintura que podemos ver, la literatura que podemos leer y todo eso es arte y cultura. El arte tiene nunca ventaja maravillosa, no tiene ideología. Uno se emociona con la música independientemente del partido político en el que milite o al que vote, pero esa música necesita de ser creada a base de cierto apoyo porque el músico también come, paga la luz y le lleva tiempo y esfuerzo el componer. No lo hace solo por amor al arte. Yo no tenía muy clara la repercusión de lo que estaba haciendo, porque me parecía pretencioso hasta pensarlo, pero una mujer se me acerco un día después de una función y me dijo: "te doy las gracias. Hace dos años una persona muy querida para mí se mató en un accidente de tráfico y es la primera vez que me he reído desde entonces". Eso es algo muy importante y eso es apolítico.

No le hemos visto entre los firmantes del Comunicado de la Cultura contra el genocidio palestino, que ha desencadenado un aluvión de reproches por parte del lobbie judío de Hollywood. ¿No lo ha suscrito?
No, pero estoy aterrorizado. No hay justificación posible. Yo comprendo que el Holocausto fue uno de los hechos del siglo XX más cruentos pero ya está bien. ¡Es terrorífico! No hay acto que justifique tantísima crueldad por parte del pueblo israelí.

En esta como en otras ocasiones en las que el mundo de la cultura se ha posicionado sobre un tema de actualidad le han llovido las críticas. Les acusan ciertos dirigentes populares de inmiscuirse en asuntos ajenos a su trabajo. ¿Cómo le sientan estos comentarios?
¡Cómo se puede decir eso y quedarse tan tranquilo! Es algo que me asombra. Una de las personas que lo dijo que fue Esperanza Aguirre. Recuerdo que declaró que no le pagan para que la critiquen. Mire señora, miren señores, les pagan para que les aplaudan o les critiquen, como los actores, porque trabajamos, ellos para el ciudadano y nosotros para el público. Pero hay una diferencia abismal entre nuestro trabajos: el nuestro no tiene repercusiones personales para el país, el de ellos sí. ¡Es asombrosa la manía que nos tiene los políticos del PP a los actores! Yo además de actor soy ciudadano y como tal tengo derecho a opinar sobre lo que me dé la gana. No nos van a callar ni a los unos ni a los otros. Tengo todo el derecho a opinar y ustedes, por su mayoría absoluta, a hacer lo que quieran pero no tienen derecho a intentar silenciarnos.

lunes, 16 de junio de 2014

«La crisis que vivimos ha creado muchos dramas a ras de suelo»

Luis Merlo protagoniza 'El crédito' junto a Carlos Hipólito desde el martes hasta el jueves en el teatro Isabel la Católica 

El madrileño Luis Merlo (1966) es uno de los actores de la saga Larrañaga-Merlo, pero hace mucho tiempo que se ganó el reconocimiento del público por la excelencia de su trabajo. Alterna teatro y televisión, aunque últimamente está más vinculado a las tablas. Desde el próximo martes hasta el jueves, presenta en Granada junto a Carlos Hipólito la obra 'El crédito', original de Jordi Galcerán.


La obra que usted protagoniza se ha convertido en un fenómeno social y ha ocupado muchos minutos en las tertulias de economía y política. ¿Por qué cree usted que se ha producido esta situación?
Porque parece que hemos conseguido conectar con el público, que llega al teatro, se sienta en su butaca y ve a unos personajes y una historia con la que se identifica. Esto ha producido mucho 'boca-oreja' que nos ha beneficiado grandemente. La crítica y el público han sido muy cariñosos con nosotros, Carlos ha ganado el premio Valle Inclán de teatro por este personaje...

¿Cuál es el punto de partida de 'El crédito'?
Una situación muy común en los últimos tiempos: un hombre llega a una oficina bancaria a pedir un crédito sin otro aval que su palabra. El director de la oficina necesita más garantías. A partir de ahí, se genera una situación en la que dos personajes que a priori son antagonistas acaban haciendo un viaje juntos.

¿Fue precisamente esa normalidad en el planteamiento lo que le atrajo del personaje?
Sí, y también un texto muy inteligente, muy bien construido por parte de Jordi Galcerán. Y por supuesto, me atraía enormemente la oportunidad de trabajar con Carlos, algo que no se había producido hasta ahora en mis muchos años de carrera. Este personaje tiene la ventaja de que no sabemos nada de él. Los actores nos ponemos a veces muy pesados porque queremos saberlo todo a propósito de nuestro 'alter ego' temporal para poder componerlo, pero de este no sabemos ni para qué quiere el crédito, con lo que me dio la oportunidad de moldearlo a mi gusto.

A tenor de las críticas recibidas, parece que ese encuentro está teniendo un feliz resultado.
Sin duda. Creo que ambos hemos buscado en nuestras interpretaciones la riqueza emocional. En la propia vida y en la escena, los personajes que viven al límite, como estos dos, son los más golosos para el actor porque permiten exponer un abanico muy amplio de sentimientos en dos horas.

En definitiva, 'El crédito' es una radiografía de la historia más reciente de nuestro país...
No solo de nuestro país, sino del mundo entero, desafortunadamente. Hay muchas personas que han pasado y pasan necesidad económica, pero también hay muchas personas que parecen tenerlo todo, como el personaje de Carlos, y en realidad están vacíos por dentro. Esta situación de crisis ha creado muchos pequeños o grandes dramas a ras de suelo, al nivel de la calle.

¿Cuál es la reacción del público?
Muchas personas hablan con nosotros tras la función o cuando he mos coincidido con ellas en algún lugar, y nos dicen que les hemos divertido y les hemos hecho pensar. En general, siempre he creído que si uno ve una película, una obra de teatro, lee un libro o mira un cuadro y tras verlo queda igual que antes, el arte no ha cumplido con su función.

Debe ser una sensación muy estimulante para usted, en su doble faceta de protagonista y coproductor.
Efectivamente. Siempre hemos buscado producir textos que lleguen al gran público, y en este caso lo hemos conseguido. También tengo claro que si siempre acertáramos y ganáramos dinero, las obras no las produciríamos nosotros, sino el Banco de Santander.

De todas formas, este crédito está teniendo un largo plazo de amortización...
Sí, la verdad es que tras una larga temporada de éxito en Madrid estamos realizando una completa gira por el sur y el este de España. Ahora, después de Granada, pararemos un poco, iremos a las fiestas del norte de España a lo largo del verano y luego volveremos a Madrid. Es un crédito en el que nos dejamos día a día parte de nosotros mismos, pero la amortización merece la pena.

En una ocasión, su hermana Amparo nos dijo que el teatro es el lugar natural de estar para un actor.
Y yo no puedo estar más de acuerdo. Ir a teatros como el Isabel la Católica de Granada y defender este texto le reconcilia a uno con esta profesión, a veces tan dura. Esperamos que el público granadino nos acompañe en estos días de fiesta para ellos.
 
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viernes, 21 de marzo de 2014

“Que se equivoquen sin miedo, que se tiren a la piscina”


Luis Merlo lleva más de 30 años en el mundo de las artes escénicas, con una gran trayectoria profesional es uno de los actores más codiciados de la escena española, el pasado martes,18 de marzo, acudía hasta la Universidad Europea para impartir el taller de comedia teatral, desde Europea Media hemos tenido la oportunidad de charlar con él en una entrevista muy cercana donde ha dado algunos de sus consejos a los futuros actores españoles.

¿Ve cercano un auge del cine español en esta época de crisis? De no ser así ¿se plantearía cambiar los escenarios nacionales por los internacionales?
Yo pienso que el trabajo, en definitiva el trabajo del mundo de la comunicación, voy a dejarlo ahí ¿no? Porque a lo mejor del arte suena demasiado pretencioso.
En el mundo de la cultura y de la comunicación, hay un mundo de la cultura que es más pasivo que son las gentes que han pintado o escrito hace siglos, que uno disfruta de su pintura o uno disfruta de su escritura de manera más privada, pero cuando es necesario el acto de comunicación con un público, yo pienso que somos un reflejo exacto de la sociedad, vivimos una sociedad en crisis, no solo en este país, estamos en mundo en crisis y en crisis de ideas, entonces yo creo que debemos apoyarnos para salir de esa crisis y yo no me planteo irme a ninguna parte, es aquí donde quiero contar lo que tenga que contar.

¿Qué recomendaría a los jóvenes estudiantes que se han decantado por esta especialidad y que buscan trabajo?
Bueno, primero que se preparen, después que se prepare y después que se preparen y luego que se preparen por cuarta vez para encontrar que muchas puertas se cierran, porque a mí se me cerraron muchas puertas y mucha gente me dijo no, lo que pasa es que cuando seguían diciendo que no yo seguía ahí, esperando, hasta que un día conseguí hacer una de las cientos de pruebas que hice y en esa me cogieron y ahí empezó mi carrera.

¿Algún consejo para los estudiantes que van a hacer este taller a continuación?
Hay un error, el error más grande que puede cometer siempre un actor es estar a la vez en el escenario y en el patio de butacas, o sea, ser espectador de sí mismo, uno tiene que ser libre cuando esté allí arriba y no juzgarse. Creo que en este país pecamos mucho del sentido del ridículo, los americanos no tienen, porque quizá sean una nación más joven, entonces el actor español dice ¡uy¡, si me paso… si no juegas, si no te equivocas en el proceso de ensayos, el proceso de estudios; uno viene a equivocarse a los ensayos, a los estudiosa la preparación, a la formación el actor viene a equivocarse no a que los demás digan que estupendo es, eso ya vendrá después.
Entonces que se equivoquen sin miedo que se tiren a la piscina, que no tengan miedo, yo siempre veo en los actores jóvenes como una falta de energía por miedo a hacer el ridículo, a teatralizar en exceso, de momento cuando uno se está formando tiene que hacer eso.

¿Este consejo se lo dieron a usted?
No, es que en mi época, cuando yo empecé a ser actor esa era una máxima, no podías perder el tiempo pensando que podías hacer el ridículo porque entonces necesitabas el doble de tiempo, vencer tu pudor y luego preparar el personaje, entonces nosotros preparábamos directamente el personaje.

Ha representado diferentes personajes todos ellos muy diferentes ¿qué criterio sigue ahora para escoger cada uno de ellos?
Fundamentalmente el criterio de la propia empresa que tenemos mi familia y yo, mis hermanos y yo, que elegimos los textos a hacer y el criterio fundamental para mí es siempre que puedo estrenar nuevos textos que puedan conectar con la gente más joven.

¿Qué personaje le hubiera gustado representar?
No soy un actor de repertorio, no, no soy ese actor que dice tengo que hacer Hamlet, tengo que hacer Segismundo, no.

Hemos leído que le han suplantado la cuenta de Twitter ¿cree que en cuentas de personas públicas como usted debería haber una mayor protección de los usuarios?
No, lo que pienso es que lo que la gente debería es tener una vida y no querer tener la de otros, a mi me parece un síntoma claro de pobreza que una persona quiera tener la de otro, búscate una vida tú, haz una vida tú.

¿Cuál es la peor experiencia que ha vivido en televisión a lo largo de su carrera?
Bueno en televisión en términos generales es cuando yo era consciente, me ha podidos no salir muchas veces pero, pero a lo mejor no ser consciente de que no estaba saliendo el trabajo que yo quería, cuando no era consciente de que no estaba consiguiéndolo

¿Y la mejor?
La mejor cuando estaba siendo consciente de que todo aquello funcionaba de manera total, por lo tanto te olvidabas de la cabeza y dejabas fluir el acto de comunicación en sí.

¿Estas experiencias negativas te han servido a lo largo de tu carrera?
Todas sirven, desafortunadamente más que las positivas, porque cuando todo es fácil trabajas menos y cuando tienes que trabajar mucho bajas más dentro, bajas más abajo, ensayas más. Los americanos en este trabajo dicen repetition makes you perfect (la repetición te hace perfecto), a base de repetir, de repetir, de repetir, rehersal, rehersal, répétition en francés, repetir, repetir y repetir, yo no conozco otra forma, yo no conozco eso de las hadas ni nada y eso de que vienen a inspirarme ¿no?

Parece que en los últimos años se ha decantado más por el teatro que por…
No en los últimos años no, yo llevo 30 años haciendo teatro sin parar, sin parar

¿Podemos esperar algún nuevo proyecto?
En teatro estoy haciendo El crédito junto a Carlos Hipólito, que estamos teniendo afortunadamente mucho éxito, tanto de crítica como de público, la gente sala muy contenta de la función y luego empiezo en un mes, o dos meses o así una nueva serie de televisión muy apetecible.

Muchas personas tienen una imagen del periodista un poco confusa, parece que nos entrometemos en la vida de las personas públicas ¿usted cual cree que es el papel de los periodistas en el mundo de las artes escénicas?
El papel de los periodistas, como el papel de los artistas, como el papel de los pintores es elegir  el género, elegir el tipo  de periodismo que quieren hacer, nadie puede quitar la capacidad de elegir que tipo de periodismo, que tipo de carrera interpretativa, que tipo de abogado uno quiere ser, pues también pido que respeten que pues a mi hay veces que estoy a gusto con un tipo de abogado, con un tipo de actor y con un tipo de periodista que conozco.

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