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lunes, 8 de febrero de 2016

“Bruno es aún más neurótico que Mauri”

Ya ha grabado los capítulos de la novena temporada de la serie, todavía sin fecha de estreno en Telecinco. Además, nos habla de su lado más familiar y personal: “A los 50 solo rindo culto a la mente”.

Luis Merlo
Hijo de Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo, nieto de Ismael Merlo, sobrino de Amparo Rivelles… Sin duda, Luis Merlo tiene genes de actor. Tres décadas después de su debut sigue hablando de inseguridades en la escena, pero en el fondo es un idealista con un toque de desencanto. Pronto lo veremos en la novena temporada de La que se avecina: “Ha sido como volver a casa”.
 
En la obra de teatro El crédito 
hablas de villanos y también de héroes. ¿Tú tienes el tuyo?
Sí, cualquier persona capaz de seguir luchando por la cultura en esta isla desierta donde nos han dejado lo es.
 
¿Es sano reírse del sufrimiento?
No hay nada más sano que reírse de uno mismo. Jordi Galcerán, que se parece a Woody Allen, transforma en humor negro temas que a priori no hacen gracia. Mi tía Amparo, a quien más he querido en este mundo, nos hizo reír una semana antes de morir. ¡Eso es el sentido del humor!
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¿Crees en el destino?
No, porque entonces pensaría que todo se lo debemos al azar. Yo creo en el ‘destino currado’.
 
Tu compañero en escena es Carlos Hipólito. ¿Alguna vez saltan chispas entre vosotros?
Igual hemos tenido dos choques en tres años, pero con cariño y complicidad. Este trabajo es como un matrimonio de desecho maravilloso (risas).
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Tú llevas casado varios años…
Tanto tiempo que estamos a punto de separarnos….(risas) Es broma, es broma.
 
¿Te gustaría tener hijos que siguieran tus pasos?
No. Me parece la cosa más difícil del mundo, y yo soy más egoísta. A un hijo solo lo educas para que se marche. Lo que tengo para volcarme afectivamente son animales de acogida que encontré en situaciones precarias.
 
¿Te ha marcado pertenecer a una familia de tanto éxito?
Ellos eran libres cuando aún mandaba un señor de Ferrol y hablaban de literatura y libertad de expresión. Tuve una familia cósmica con todos los astros: abuelastra, padrastro, madrastra…
 
Debutaste en teatro en 1985 y por la puerta grande, con Mario Gas.
Fue hace 30 años y nunca me he sentido un alumno aventajado; al contrario, he sido muy torpe. Por esas inseguridades he tenido que trabajar el doble que los demás. Enseguida tuve claro que ésta no es una profesión para cobardes ni para pusilánimes.
 
¿Por qué eres tan inseguro?
Porque no me gusto. Por eso amo el teatro, porque solo veo los defectos y como en directo no me puedo ver (risas).
 
El éxito en televisión te llegó con Aquí no hay quién viva. Vuelves con otro registro.
Sí, el personaje de Mauri es el regalo más bonito que me han hecho. Ahora cambio de registro con Bruno, un paciente de Judith [Cristina Castaño]. Es un neurótico, ¡más que Mauri!, lleno de ternura y contradicciones.
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¿Cómo te sientes camino de los 50?
Mejor que nunca. Pero, claro, a peor no podía ir (risas). Mi mal endémico es que siempre me ha interesado más el bienestar ajeno que el propio. Yo de joven era un señor con una bolsa que decía: “Ya veré dónde duermo hoy”. Pero con la edad todo se calma.
 
Fue muy comentada tu imagen con 18 kilos menos y musculado para la obra El deseo. ¿Desde entonces cultivas el cuerpo?
Iván Perujo, el que se publicitó como mi entrenador personal, es un sinvergüenza que creía amigo; por eso no le demandé. Solo me queda decir que yo no hago homenajes de culto al cuerpo; fue una preparación para un trabajo concreto. A mis 50 años, prefiero rendirme a la mente y a las personas interesantes.
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DE UN SORBO
¿Te gusta el café?  

Solo tomo el del desayuno, hecho en una cafetera que Maribel Verdú, mi cuñada, 
y mi hermano me regalaron el día de mi boda.
 
¿Te levantas 
de buen café? 

Hasta pasada media hora mejor no te acerques a mí.
 
¿A quién invitarías? 

A José Luis Zapatero. Pasarán muchos años hasta que vuelva a surgir alguien así. Apoyó los matrimonios homosexuales, la protección en educación, retiró las tropas de Irak… 
 
¿Y no darías ni agua…? 

Al que vino después de Zapatero.
 
¿Y si te diera poderes…?
Pediría el de la igualdad de una puta vez.

 
Un libro.
La tregua, de Mario Benedetti.
 
Y un deseo.
Me conformo con no volver 
a ver la cara de Montoro.

Fuente

sábado, 23 de enero de 2016

Entrevista con El Mundo

A PRIMERA VISTA Una torre de muecas con voz de tórax surge de entre la sombra y empieza a hablar. Es un hombre a punto de los 50 años y todo apunta a una vida de medio siglo. Luis Merlo para creerlo / Es el ramal de una estirpe de actores, de un árbol genealógico como un bosque animado donde los domingos la familia iba de excursión a la ficción / Nunca dejó de nacer en el teatro, donde nos venga con El crédito. Y siempre volverá a la tele, ay La que se avecina / Multiplica el verbo, hace yoga y duerme mejor que cuando vivía el sueño de no dormir / Es un tipo ileso de sus excesos, pero no de sus restos. Sólo había que preguntar...

1- ¿Hay que Merlo para creerlo?
¡Hay que Merlo! Así me llama mi cuñada Maribel Verdú: 'Ha venido Merlo para creerlo'. Siempre hay que Merlo todo para creerlo.

2- Una familia de actores, ¿cómo sabe que se quiere?
Ja, ja... Porque, por fortuna, las cosas importantes no se verbalizan. Hechos son amores. Mi familia se crió en absoluta liberalidad cuando aún mandaba un señor de Ferrol. Cerca de mí estuvo la literatura, la libertad de expresión... Ah, eso sí, encontrarles era difícil. Eran muchos y no pidieron permiso. Yo tuve una familia cósmica porque tuve todos los astros: abuelastra, padrastro, madrastra... Somos cósmicos.

3- ¿Hay que estar loco para estar cuerdo?
A veces la locura me ha pasado factura, pero la cordura también. La cordura está contagiada de cobardía, que dos y dos siempre deben ser cuatro. Cuando eso sucede nos apartamos de lo inexplicable de la vida.

4- ¿Por qué hace nueve temporadas usted rechazó estrenar La que se avecina y ahora se compra un piso en esa serie?
Porque para tener una vida rica no hay que aferrarse a las opiniones. Aferrarse a las opiniones es tener miedo a la muerte. Yo no estoy nada aferrado a mis opiniones.

5- Si usted petó un día con tanto teatro y televisión a la vez, ¿por qué vuelve ahora al riesgo del abismo?
Porque a los treinta uno debe hacer más cosas. Ahora, con trabajar, tengo. Y llegar a casa, leer, comer sano... Y acariciar a mis perros, recogidos de la calle. El personaje más adecuado para mí sería un vagabundo que ha encontrado un rincón donde meterse. Yo de joven era un señor con una bolsa que decía 'ya veré dónde duermo hoy'. Es una pena, porque no es que haya dejado el alcohol, es que el alcohol me ha dejado a mí. El sentido de la medida no ha sido el mejor de mis sentidos; cuando algo me ha gustado, como el alcohol, lo he hecho sin contención. Me lo bebí todo.

6- ¿Cómo se devuelve El crédito?
Me remito a mí, y no porque sea un ególatra, que lo soy, sino porque necesito comprender qué quiero como espectador, que es olvidarme de lo que le pasa a Luis. Un deseo del ciudadano es reírse y descalificar a los poderes fácticos, como la Banca.

7- ¿Qué es la que se avecina sin cursiva?
Se avecina que los políticos tienen que volver a aprender a escuchar.

8- Veinte españoles ricos tienen tanto dinero como 14 millones de pobres y la desigualdad ha crecido aquí 10 veces más que en Europa. ¿A quién enriquece la pobreza?
A los ricos. Un amigo me dijo que los mendigos van cada vez mejor vestidos. Que desaparezca una clase media con ciertas comodidades es una catástrofe. Los productos caros se han seguido vendiendo, o sea, que la pobreza hace ricos sólo a unos.

9- Ya que todo el mundo se pregunta por la sexualidad de todo el mundo, dígame, ¿España de qué condición sexual es?
España es afortunada y sanamente bisexual.

10- Cuénteme aquella vez en que hubo que Merlo para creerlo...
Haciendo de Calígula, salían los patricios, yo los paraba y les daba una arenga existencialista. Un día que yo estaba muy cansado, salen los patricios, los paro y pienso: '¿Cómo me llamo, qué hago aquí, quiénes son éstos? Yo me voy'. Y me fui. Salí, me paró el regidor y me dijo: ¿Dónde vas?' y le dije: '¡A mi casa!'. Entré en razón, salí y, por honestidad y morro, le rogué al público que me dejara volver a empezar la escena. Me dieron un aplauso y salí. Volvieron a entrar los patricios, volví a poner la mano y volví a no saber dónde estaba. Pensé: '¿Y cómo le digo a esta gente que me he vuelto a equivocar?'. Y les solté un rollo de Roma hasta que enganché. ¡Horrible!

11- ¿A quién le gustaría olvidar?
A gentes de mi pasado que no olvido y no podré volver a ver. El dolor es bastante inútil y estéril. Nace y se queda en mí. Olvidar a los queridos que se han ido definitivamente.

12- ¿Prefiere cumplir 50 años o medio siglo?
Ninguna de esas dos cosas tan desagradables, ja, ja... Ya no podemos doblar. (Bueno, denos tiempo) Ja, ja... Hasta los cuarenta y tantos, piensas ¿por qué no voy a vivir 90? Pero ya 100... Multiplicar por dos se ha terminado en nuestras vidas.

(+1) ¿Y usted qué me respondería si se atreviera?
Nada.

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Horarios de 'El Crédito'

Teatro Maravillas: 



Horario Funciones: 
MIÉRCOLES y JUEVES, 20:30 h.
VIERNES y SÁBADOS, 19:00 y 21:00 h.
DOMINGOS, 19:00 h.

Miércoles, 23 de Diciembre, NO HAY FUNCIÓN
Jueves, 24 de Diciembre, NO HAY FUNCIÓN
Miércoles, 30 de Diciembre, NO HAY FUNCIÓN
Jueves, 31 de Diciembre, NO HAY FUNCIÓN

Precio Espectáculo:
Miércoles (Día del Espectador), 21 €
Jueves, Viernes, Sábados y Domingos, 26 €

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ElCorteInglés.es

teatromaravillas.com

viernes, 14 de agosto de 2015

"En esta obra, como en la vida, todo puede cambiar en un momento"

«En esta obra, como en la vida, todo puede cambiar en un momento»

El dramaturgo Jordi Galcerán (Barcelona, 1964) es el mago de la escena española actual. Parece tener una varita mágica que convierte en éxito asegurado todas sus comedias. Títulos como «El método Grönholm», «Cancún», «Fuga» o «Burundanga» –ahora también en cartel en el madrileño Teatro Lara– obtuvieron una calurosa acogida. Su última pieza, «El crédito», no solo ha seguido el mismo camino, sino que lo ha incrementado. Tras estrenarse en 2013 en el Teatro Arriaga de Bilbao, llegó al Teatro Maravillas de Madrid. Y llegó para quedarse. Hoy comienza su tercera temporada, con la previsión de que permanecerá en cartel hasta marzo del próximo año. Sin duda, en el éxito del montaje se ha unido al texto de Galcerán, la espléndida dirección de Gerardo Vera –exdirector del Centro Dramático Nacional y Premio Nacional de Teatro en 1988–, y la interpretación, en verdadero estado de gracia, de dos actores, Carlos Hipólito y Luis Merlo, tan respetados por la crítica como queridos por el público. Algo que es recíproco, pues apunta Luis Merlo: «Creo que el espectador de teatro es digno de admiración, y más en estos tiempos económicamente difíciles, y donde existen tantos reclamos de ocio. Tiene que sacar una entrada, quedar con los amigos, desplazarse...». 

Insólito órdago
«Nosotros, y pienso que todos los actores de teatro –prosigue– hemos depositado un gran cariño y respeto en el público, que, afortunadamente, nos lo ha devuelto con creces». Y añade Carlos Hipólito: «Hay que darlo todo en el escenario. Con esta obra, aunque llevemos tantas representaciones, cada día es como si fuera la primera».

La obra comienza con una situación muy habitual: un día, Antonio –al que da vida Luis Merlo– va a una sucursal bancaria a pedir un crédito. Pide una cantidad modesta, pero de vital y urgente importancia para él. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos por conseguir su propósito, el director de la sucursal –Carlos Hipólito– no atiende a razones y se lo niega. Antonio no cuenta con avales, Sólo ofrece como garantía su palabra de honor. Pero esa garantía, le dirá el director, no vale porque no puede contabilizarse en euros. A partir de ese momento, lo más probable es que el común de los mortales habría aceptado la negativa. Con tristeza, pero resignado. Antonio, sin embargo, no hace eso ni abandona el Banco. Muy al contrario, le lanza al director un insólito órdago que desencaderá un combate verbal que provoca la continúa carcajada en el patio de butacas.

Para Carlos Hipólito, quien ya trabajo en «El método Grönholh», el secreto está en el texto del autor catalán: «Es un texto brillante, muy divertido. Galcerán parte de situaciones cotidianas, que todos hemos podido vivir, y les va dando vueltas de tuerca para verlas a través del prisma de un humor inteligente. El derrotero que aquí toma la trama es excepcional, pero está dentro de lo verosímil. Sus obras están construidas como mecanismos de relojería, mete el gag en el momento preciso, y el conflicto nunca se estanca, va introduciendo sorpresas continuamente». 

Por su parte, Luis Merlo, que confiesa que descubrió a Garcelán como espectador de «Palabras encadenas» y quedó fascinado, señala: «Garcelán no solo consigue una impecable carpintería teatral, sino que aquí estamos como en la vida, donde una situación puede cambiar de un momento a otro. Por ejemplo, estamos en una cena, con muchas risas, y de pronto alguien pronuncia una frase poco afortunada y, entonces, no es que pase un ángel, como suele decirse, sino que la cena se hiela. Y, luego, quizás puede recomponerse. Mi personaje va a la sucursal con un objetivo muy claro, pero en el camino se va metiendo emocionalmente en el problema del otro, y descubre sus grietas, que no lo tiene todo ni mucho menos controlado».

Personajes contradictorios
Precisamente, en cómo ha concebido el autor a los personajes cifran los dos actores uno de los mayores atractivos de «El crédito»: «Son personajes –subraya Carlos Hipólito– muy cercanos, muy humanos, no son de una pieza. Incluso el mío que mira desde su atalaya –es un tipo que no tiene nada que ver conmigo, pero me divierte mucho interpretarlo– es, en el fondo, un pobre hombre». Y Luis Merlo indica: «Con mi personaje tenía la opción de ser solo un estratega o entrar en el juego, y elegí esta última. Se cree todas las mentiras que se ha contado y depende mucho de las reacciones que suscita en el otro». Hipólito y Merlo coinciden en destacar que uno y otro «están llenos de contracciones, como todos nosotros, y el público puede empatizar fácilmente con ellos». 

Esta pieza de Galcerán demuestra que la risa sí tiene crédito, y mucho. Aunque, a veces, es una risa peculiar. «Una de las cosas que más me gusta como lector o espectador es esa sensación de pequeña culpabilidad después de haberme reído. ¿Por qué me río si lo que estoy viendo es tremendo? Creo que Galcerán saca mucho partido a este juego, y nos hace entrar y salir de la risa». Y, también, la obra no deja de llevarnos a reflexionar sobre cuestiones, como la que recalca Carlos Hipólito: «Hoy se ha perdido el valor de dar la palabra, lo que revela lamentablemente que importan más los números que las personas, sobre todo en determinados ámbitos. Yo mismo pasé por varias entidades bancarias, y me quedé en la que me trataban con más consideración como ser humano».

"No me gustaría tener hijos, me parece la cosa más difícil del mundo"

Luis Merlo vuelve a los escenarios con la tercera temporada de El crédito, función que protagoniza junto a Carlos Hipólito y con la que no han dejado de cosechar éxitos.


Foto 1 de Luis Merlo: "No me gustaría tener hijos, me parece la cosa más difícil del mundo"

Centrado en el teatro, el actor no descarta volver muy pronto a la televisión aunque por el momento no puede avanzar nada. Lejos ha quedado aquel niño que de pequeño quiso seguir los pasos de su familia para convertirse en la tercera generación de actores. Ahora se cumplen treinta años de su debut y el actor no puede sentirse más agradecido de cómo le ha tratado la vida. Pese a que Luis Merlo es bastante receloso sobre su vida privada y no le gusta exponerse ante los medios a no ser que sea necesario, el actor tiene claro que no le gustaría ser padre. Lo ve una tarea muy difícil y de momento prefiere conformarse con sus sobrinos y sus perros.

¿Cómo afrontas esta tercera temporada?
Con mucho agradecimiento y mucha ilusión. En los tiempos que corren es muy difícil conseguir esto y creo que solo se consigue teniendo la suerte de conectar con el público. El púbico de teatro es muy fiel y viene dispuesto a creerse este cuento.

Una temporada dará seguridad
El nivel de examen disminuye pero no la atención de hacerlo como si estrenásemos cada tarde. El espectador que viene acude al estreno para él. El nivel de examen entre Carlos y yo ha desaparecido y con el público se sale algo más confiado al ver que ha triunfado tantas veces.

¿Cuál crees que el secreto del éxito que está teniendo la función?
Es un cúmulo. El público se mata de la risa pero también vive unas emociones en los personajes. Sobre todo con el personaje de Carlos que empieza muy arriba y poco a poco se va desarmando, creo que ese desarmado nos ha pasado a todos en la vida. Nos produce cierta empatía cuando ves a una torre alta caer. Con dos personajes parece que somos más porque hay muchas situaciones que cambian. Hay muchísimo elemento sorpresa

Como actor, ¿Qué es lo que te hace no perder la ilusión?
 Hacerlo con Carlos Hipólito, salir con él. Hasta la última función que haga en la vida la haré haciendo todo lo posible para que el público sienta lo que yo sentí de pequeño cuando dije que quería ser actor. Mover algo en el público. El día a día, venir aquí y prepararnos, el jugar, todo va provocando algo y hace que la función sea la misma en esencia pero a la vez cambie.

De pequeño soñabas con estar sobre el escenario y ahora cumples treinta años en él
Tras treinta años puedo dar las gracias porque pocas personas tienen esta posibilidad. Treinta años no es nada como dice el tango. He tenido la suerte de poder vivir de ello, me siento afortunado.

¿Haces un buen balance?
Sí, no solamente en lo profesional, en lo personal también.

Estás muy centrado en el teatro, ¿No echas de menos la televisión?
Sí, es posible que suceda algo en televisión.

Se habló de un posible fichaje en La que se avecina
No puedo contar nada, pero es posible que tenga un proyecto de televisión del que todavía no puedo hablar.

 ¿Qué cosas te han desmoronado en la vida?
Muchas cosas. Las mismas que a todos, cuando me ha dejado alguien que amaba y me ha tocado aprender a vivir sin esa persona se me ha desmoronado la vida. También cuando he perdido a un ser querido. Lo mismo que a todos, me pasa exactamente igual que a todo hijo de vecino. Parece que vida reluce más porque estoy bajo los focos, pero eso solo es el trabajo. Es bueno hacer que el público pueda creerte de un personaje a otro y por eso soy bastante celoso de mi vida privada. A la gente que me conoce le cuento mi vida y tengo muy pocos puentes de contención a nivel de comunicación.

A veces el público quiere saber más del actor
Sí, pero con el tiempo la gente aprecia que salgamos en los medios cuando tengamos algo que contar y no exponerte porque sí. Solo salgo cuando tengo algo que contar profesionalmente o para dar las gracias como cuando el fallecimiento de mi tía Amparo por lo bien que nos había respetado la prensa. No era algo que me apeteciese hacer pero comprendí que era lo que debía hacer por el inmenso respeto que ella había cultivado toda su vida. Si se casa alguien de la familia es lógico estar ahí y hablar de cosas privadas, yo soy fan de salir cuando tengo cosas profesionales que contar.

Siendo tercera generación de actores, ¿No te gustaría tener hijos que siguiesen tus pasos?
No me gustaría tener hijos, me parece la cosa más difícil del mundo. Soy tío y vivo lo que es una labor que sale bien pero es muy difícil. Soy más egoísta, a un hijo lo educas para que se marche. Lo que tengo para volcarme afectivamente son animales recogidos en casa, no comprendo cómo se puede tratar así a los animales en un país como este. Amo a los perros y vienen para quedarse, no hay que prepararlos para que se marchen. No hace faltar comprar animales, hay muchos que están esperando un hogar.

¿Todo lo que tienes son perros?
Tengo todo perros de acogida y me queda un gato, tuve tres. Recogidos de situaciones muy precarias.

Fuente

"La libertad sexual se conquistó en el teatro"

Los actores van a por la tercera temporada de 'El crédito', la exitosa obra de Jordi Galcerán, en el Teatro Maravillas 

Los actores Carlos Hipólito y Luis Merlo reestrenan 'El...

Luis Merlo (Madrid, 1966) habla con voz nasal y pasión indisimulada. Le late a lo loco el árbol genealógico, se ríe a carcajada limpia. Tiene ese temperamento intenso del teatro viejo y los tiempos nuevos.

Ya no es Mauri -Aquí no hay quien viva- y no quiere serlo. Ahora disfruta como un crío con Carlos Hipólito (Madrid, 1956), su compañero de escena de El crédito por tercera temporada. Tres veces fraternidad deliciosa. Se miran y se descojonan. Pero en la obra sus relaciones de fuerza son bien distintas: Merlo es un mindundi, un bohemio descarado que acude al banco a pedirle un crédito a Hipólito, sobrio director de la sucursal. Éste, con la respetabilidad que concede la corbata y el discurso recto, lo manda al carajo. Y el primero no se achanta. «O me presta usted los 3.000 euros o me acuesto con su mujer». Después se sucede el enredo capitaneado por Jordi Galcerán, que hace ya le encontró el punto G al público con obras como El método Grönholm (2003) o Burundanga (2011). Entre bastidores, Luis se declara, meloso: «Afortunadamente, en el banco del afecto de Carlos tengo saldo ilimitado». Ahora, en el tercer asalto, ambos disfrutan más de su interacción con el otro «porque la obra está testada. Ya sabemos que al público le gusta. Entonces empezamos a disfrutar, encontramos un gesto nuevo, otro punto de vista... guiños entre nosotros, siempre respetando el texto».

Hipólito y Merlo llevan las tablas incrustadas en alguna capa de la piel. Y lamentan que este arte haya dejado tantas cosas en el camino. «Los grandes maestros del teatro, triste pero inevitablemente, se han ido. La cultura es tradición y transmisión y, al haber perdido a gente tan sabia, este trabajo se ha debilitado», sostiene Merlo. «Pero hay algo más que he vivido desde pequeño. Hoy día tenemos conquistadas unas libertades que antes existían sólo en el mundo del teatro o de la cultura. La libertad sexual, por ejemplo. El ser homosexual, el no haber pasado por la vicaría, el ser madre soltera... El artista tenía una visión del mundo propia de una profesión liberal y muy ajena a la España en la que yo me crié », evoca.

«Yo he visto a mi madre cargando con el niño de una actriz soltera que tenía que salir a escena. Y todos cuidando al bebé». «Es cierto», replica Hipólito, «ahora hay desconexión entre profesionales. Tengo esa nostalgia, ese recuerdo romántico de que éramos una familia».

Los actores tratan de no perderse en ese orgasmo que es el aplauso y acuden a miradas exigentes. «Mi público más severo es mi mujer», guiña Carlos. «Ella me da la medida de las cosas». «En mi caso, mi hermano», explica Luis. Se refiere a Pedro Larrañaga, el productor de El crédito. «Él no es incisivo, pero sé con sólo mirarle si lo que estoy haciendo le interesa o no. Es necesaria en la vida la gente que no sea capaz de mentirte, porque queremos oír lo que queremos oír y eso nos condena a no crecer».

Hipólito y Merlo no creen que «todos los espectáculos deban ser digeribles por todo el mundo». «Tiene que haber un tipo de teatro más elevado intelectualmente. Alguien lo puede tachar de elitista, pero por esa regla de tres sólo leeríamos novelas policíacas. Desaparecería el ensayo», razona Carlos. «Hemos caído en la cultura del ¡qué divertido! Pero, ¿es que pensar no es divertido, sorprenderte, ir más lejos...?», repone Luis. «Hay diversión sin risa. Lo he escuchado mucho, sobre todo en la gente mayor: 'Qué bien me lo he pasao. Lo que he llorao'». Carlos pone voz de anciana efusiva. Luis se troncha. 

Apoyan las iniciativas populares de la industria -como el Teatro del Barrio- pero, ojo, «me apena que las obras de garaje, en las que la entrada es un trozo de papel de estraza, no se hagan porque se han elegido como forma nueva de comunicar. Se hacen por supervivencia, porque los de arriba obligan a que sea eso o nada», critica Merlo.

El artista es también animal político: ya salió a la calle en su día a patalear contra la guerra de Irak y no se hace el tiquismiquis para volver a meterse en el barro hasta las rodillas. «Hay tantas guerras librándose en el mundo por un trozo de tierra... Mira el conflicto palestino. Lo de honrar la bandera. Joder, la bandera es un trozo de tela lleno de sangre. Yo me manifestaría todos los días porque hayamos perdido el derecho a la vida digna». Hipólito se une. «Hay que manifestarse contra el Partido Popular», invita, sonriendo. «Se creen que dimitir es un nombre ruso».

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lunes, 10 de agosto de 2015

Carlos Hipólito y Luis Merlo encaran la tercera temporada de ‘El crédito’, de Jordi Galceran

  • A partir del 12 de agosto en el Teatro Maravillas (Madrid)
El puro teatro puede consistir en una sencilla conversación. Es lo que más o menos viene a ser El crédito,de Jordi Galceran (Barcelona, 1964). También una buena amenaza que introduzca su dosis de intriga: o me presta usted 3.000 euros o me acuesto con esa señora de la foto, que seguramente es su mujer… Si a eso se le añaden dos actores como Carlos Hipólito (Madrid, 1956) y Luis Merlo (Madrid, 1966), la sencilla pero más que adecuada mesa con dos sillas que les coloca como escenografía el director de la función Gerardo Vera y una trama que desde el principio mete en harina al espectador el resultado son tres temporadas de éxito en Madrid y por casi toda España, sin visos de echar abajo el telón.

Y es que El crédito resplandece en el madrileño Teatro Maravillas como la obra que ha conectado con un incierto estado de ánimo colectivo. Se revela en sus mazazos, en sus golpes de humor, como un texto que ha contagiado los efectos devastadores y desesperados de la crisis y conjugado sabiamente sus catarsis para reírse de ellas. “Supongo que respiras un momento y te lanzas a atraparlo. Todos recordamos cuando hace pocos años la gente necesitaba el dinero que retenían los bancos y no se decidían a soltar, ¿no? De ahí nace cierto ambiente humano como el de este hombre que necesita un crédito y no se lo dan”, afirma el autor.

Galceran ha conseguido plasmarlo a través de dos personajes tan reconocibles como el movedizo suelo que últimamente pisamos. De un lado, en corbata, con su lenguaje de tecnicismos bien alambicados que amablemente invitan a salir por la puerta, está Hipólito, director de la sucursal. Un educado y correcto vendedor de humo, padre de familia tipo que viste camisa bordada con iniciales, corbata apañada en rebajas y chaqueta colgada en el perchero, sin una arruga por fuera, pero llena de requiebros por dentro. Del otro, Merlo, un bala perdida desaliñado, sin avales, oficio ni beneficio. Con aires de kamikaze, maneras bohemias y cuajo para pedir lo que le plazca, incluyendo amenazas, sin nada que perder.


¿Quién no ha acudido a la sucursal de un banco a pedir un crédito y se lo han negado? “Me extrañó tanto que no me lo dieran en tiempos, como que sí lo hicieran cuando ya empezaba a ser famoso por aparecer en la serie Aquí no hay quien viva”, comenta Merlo. “Alguna vez ha pasado. No me quedó más remedio que ir a la sucursal de enfrente. Lo que sí recuerdo es aquella actitud de atenderte sin escuchar, de muy mal rollo”, comenta Hipólito.

Quizás ya entonces, este radiólogo de la vida fijase en su mente maneras para un futuro personaje como el actual. Hipólito es un maestro de los que no se dan importancia. Pero funciona como un inconsciente efecto imán para actores como Merlo y tantos otros que suspiran por compartir títulos con él: “No hay nadie que hable por teléfono en escena de la forma que lo hace este señor”, asegura su compañero.

Cierto, porque hay momentos en que el médium Hipólito lleva dentro de sí, a través del móvil, a otros personajes fantasmas creados por Galceran que adquieren plena transparencia en las reacciones de su voz y los gestos de la cara: su mujer, su hijo, a través de otras dimensiones secretas de la palabra, su cuñado… “Posee la cualidad de la difícil facilidad, que decía mi abuelo”. Lo comenta Merlo, actor de estirpe, nieto de Ismael Merlo, hijo de Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo… el niño ya crecido que celebró la primera comunión en el escenario del Bellas Artes y fue dotado de toda una proverbial potencia genética para el oficio.

Un actor que sabe reconocer la sólida carpintería de un texto como el de Galceran, autor de ojo clínico y buenas dotes para el éxito como ya ha demostrado en Burundanga o El método Grönholm. “La clave es hallar una anécdota que te permita llegar de algo pequeño a los grandes temas. En medio no puedes dejar de hablar de lo que te rodea, es inevitable”, apunta el dramaturgo.

Devoto tanto de Mamet como de Arthur Miller, heredero de Buero Vallejo o afín a Alonso de Santos, el teatro de Galceran posee un compromiso de filtro con el público que le hace nadar entre la sonrisa amarga y la introspección piadosa hacia cada personaje. Sus criaturas nos hacen reconocernos en el espejo con parecida intensidad a las sensaciones experimentadas en Glengarry Glen Ross, Muerte de un viajante, La taberna fantástica, de Alfonso Sastre, o Bajarse al moro. “Trato de desnudarlos de parafernalia y convertirlos en animales sin rumbo fijo”, afirma Galceran.

Pero los resultados se revelarían inocuos si no contara con el oficio de superdotados como Hipólito y Merlo. “La función es mucho mejor ahora. En los ensayos sembramos un buen colchón sobre el que ahora saltamos mucho más alto”, comenta el primero. Como el de boca en boca sigue funcionando, la reacción del público resulta curiosa: “A veces se ríen antes de tiempo, pero lo que siempre se impone son los efectos del texto. Galceran es un mago, tiene la habilidad de fijarse en situaciones cotidianas, más bien tensas y dramáticas, para convertirlas en pura comedia”.

O para tomar el alterado pulso de los contextos. La crisis que afectaba a todo dios con el grifo cerrado a cal y canto de los bancos, la angustia de una encarnizada selección de personal, la muerte, defunción y barrena de una banda como ETA… Todo al servicio de ese pacto en grupo que supone el teatro: “Contar un cuento a unos adultos que vienen a creérselo”, define Luis Merlo.

Si existe un actor fetiche para un autor y viceversa, es el caso de Carlos Hipólito en combinación con Jordi Galceran. Llevan tres obras en común. Dos de ellas han resultado plenos éxitos que rozan las 1.000 funciones, como fue el caso de la comedia coral descarnada El método Grönholm y ahora este certero vodevil que es El crédito.

Su química comenzó antes, con Dakota, una obra que pasó más desapercibida. Por separado también han dado en el clavo. Hipólito participó en otro hito teatral que entusiasmó a la crítica y el público: Arte, de Yasmina Reza, bajo la dirección de José María Flotats, presente también en escena junto con otro maestro: José María Pou.

Galceran prosigue su camino también de récord con Burundanga, una comedia inspirada en algo tan poco habitual en el enredo escénico como el terrorismo.

A autor e intérprete les une además una especial sensibilidad de olfato por el fenómeno de taquilla que seguirá: “Quiero escribir un musical para Hipólito; ahora resulta que también canta de lujo”, comenta Galceran. El título y la trama todavía se guardan en secreto, aunque seguramente se volverán escuchar de ambos los sones del éxito.
 
Fuente

martes, 4 de agosto de 2015

'El crédito' de Jordi Galcerán regresa al Teatro Maravillas (Madrid)

donde fue estrenado en septiembre de 2013. Luis Merlo y Carlos Hipólito se ponen de nuevo a las órdenes de Gerardo Vera para protagonizar una historia, desgraciadamente, muy actual y que no ha parado de cosechar éxitos. - See more at: http://www.hoyesarte.com/evento/2015/08/galceran-regresa-con-el-credito-a-madrid/#sthash.Uz4ygTYF.dpuf
donde fue estrenado en septiembre de 2013. Luis Merlo y Carlos Hipólito se ponen de nuevo a las órdenes de Gerardo Vera para protagonizar una historia, desgraciadamente, muy actual y que no ha parado de cosechar éxitos.
La última obra dramática de Galcerán, sin duda el rey del humor negro con obras como El método Grönholm, Fuga o Burundanga, se podrá ver hasta el 18 de octubre.
Hasta hace unos años, antes de que diera comienzo la crisis, cuando alguien necesitaba dinero iba al banco y pedía un crédito. Así comienza la historia con un hombre que intenta, de forma honesta, conseguir que una sucursal bancaria le conceda un pequeño crédito que le servirá para continuar con su vida. No tiene avales ni propiedades, tan solo cuenta con su palabra para que el banco se asegure su devolución.
La negativa del director de la sucursal les coloca a los dos en una situación muy delicada e hilarante, porque ¿qué pasa si el que pide el crédito desafía al banco? “Si nos dedicamos a lubricar engranajes o a traducir manuales de instrucciones quizás no nos crucemos nunca con las personas a las que nuestro trabajo afecta íntimamente. Ahora bien, si nos relacionamos directamente con individuos de carne y hueso hay trances difíciles de evitar”, explica el autor del texto.
“Para los médicos, los tenderos, los policías municipales o cualquier otra profesión en la que el contacto es inevitable, los problemas pueden aparecer en cualquier momento. Y si eres director de una sucursal bancaria, todavía peor. Las cosas pueden llegar a complicarse de manera alarmante”, hace patente Galcerán.
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 El crédito
  •  Fecha: del 12 de agosto al 18 de octubre  
Por tercer año consecutivo, 'El crédito' de Jordi Galcerán regresa al Teatro Maravillas (Madrid), donde fue estrenado en septiembre de 2013. Luis Merlo y Carlos Hipólito se ponen de nuevo a las órdenes de Gerardo Vera para protagonizar una historia, desgraciadamente, muy actual y que no ha parado de cosechar éxitos.

Hasta hace unos años, antes de que diera comienzo la crisis, cuando alguien necesitaba dinero iba al banco y pedía un crédito. Así comienza la historia con un hombre que intenta, de forma honesta, conseguir que una sucursal bancaria le conceda un pequeño crédito que le servirá par continuar con su vida. No tiene avales ni propiedades, tan solo cuenta con su palabra para que el banco se asegure su devolución.

La negativa del director de la sucursal les coloca a los dos en una situación muy delicada e hilarante, porque ¿qué pasa si el que pide el crédito desafía al banco?. "Si nos dedicamos a lubricar engranajes o a traducirmanuales de instrucciones quizás no nos crucemos nunca con las personas a las que nuestro trabajo afecta internamente. Ahora bien, si nos relacionamos directamente con individuos de carne y hueso hay trances difíciles de evitar", explica el autor del texto.

"Para los médicos, los tenderos, los policías municipales o cualquier otra profesión en la que el contacto es inevitable, los problemas pueden aparecer en cualquier momento. Y si eeres director de una sucursal bancaria, todavía peor. Las cosas pueden llegar a complicarse de manera alarmante", hace patente Galcerán.

Fuente
El crédito
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Tipo de evento:
Teatro
Fecha:
Del 12 agosto al 18 de octubre 2015
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La última obra dramática de Galcerán, sin duda el rey del humor negro con obras como El método Grönholm, Fuga o Burundanga, se podrá ver hasta el 18 de octubre.
Hasta hace unos años, antes de que diera comienzo la crisis, cuando alguien necesitaba dinero iba al banco y pedía un crédito. Así comienza la historia con un hombre que intenta, de forma honesta, conseguir que una sucursal bancaria le conceda un pequeño crédito que le servirá para continuar con su vida. No tiene avales ni propiedades, tan solo cuenta con su palabra para que el banco se asegure su devolución.
La negativa del director de la sucursal les coloca a los dos en una situación muy delicada e hilarante, porque ¿qué pasa si el que pide el crédito desafía al banco? “Si nos dedicamos a lubricar engranajes o a traducir manuales de instrucciones quizás no nos crucemos nunca con las personas a las que nuestro trabajo afecta íntimamente. Ahora bien, si nos relacionamos directamente con individuos de carne y hueso hay trances difíciles de evitar”, explica el autor del texto.
“Para los médicos, los tenderos, los policías municipales o cualquier otra profesión en la que el contacto es inevitable, los problemas pueden aparecer en cualquier momento. Y si eres director de una sucursal bancaria, todavía peor. Las cosas pueden llegar a complicarse de manera alarmante”, hace patente Galcerán.
Más sobre: Carlos Hipólito, El crédito, Gerardo Vera, Jordi Galcerán, Luis Merlo, Teatro Maravillas

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La última obra dramática de Galcerán, sin duda el rey del humor negro con obras como El método Grönholm, Fuga o Burundanga, se podrá ver hasta el 18 de octubre.
Hasta hace unos años, antes de que diera comienzo la crisis, cuando alguien necesitaba dinero iba al banco y pedía un crédito. Así comienza la historia con un hombre que intenta, de forma honesta, conseguir que una sucursal bancaria le conceda un pequeño crédito que le servirá para continuar con su vida. No tiene avales ni propiedades, tan solo cuenta con su palabra para que el banco se asegure su devolución.
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“Para los médicos, los tenderos, los policías municipales o cualquier otra profesión en la que el contacto es inevitable, los problemas pueden aparecer en cualquier momento. Y si eres director de una sucursal bancaria, todavía peor. Las cosas pueden llegar a complicarse de manera alarmante”, hace patente Galcerán.
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Hasta hace unos años, antes de que diera comienzo la crisis, cuando alguien necesitaba dinero iba al banco y pedía un crédito. Así comienza la historia con un hombre que intenta, de forma honesta, conseguir que una sucursal bancaria le conceda un pequeño crédito que le servirá para continuar con su vida. No tiene avales ni propiedades, tan solo cuenta con su palabra para que el banco se asegure su devolución.
La negativa del director de la sucursal les coloca a los dos en una situación muy delicada e hilarante, porque ¿qué pasa si el que pide el crédito desafía al banco? “Si nos dedicamos a lubricar engranajes o a traducir manuales de instrucciones quizás no nos crucemos nunca con las personas a las que nuestro trabajo afecta íntimamente. Ahora bien, si nos relacionamos directamente con individuos de carne y hueso hay trances difíciles de evitar”, explica el autor del texto.
“Para los médicos, los tenderos, los policías municipales o cualquier otra profesión en la que el contacto es inevitable, los problemas pueden aparecer en cualquier momento. Y si eres director de una sucursal bancaria, todavía peor. Las cosas pueden llegar a complicarse de manera alarmante”, hace patente Galcerán.
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La última obra dramática de Galcerán, sin duda el rey del humor negro con obras como El método Grönholm, Fuga o Burundanga, se podrá ver hasta el 18 de octubre.
Hasta hace unos años, antes de que diera comienzo la crisis, cuando alguien necesitaba dinero iba al banco y pedía un crédito. Así comienza la historia con un hombre que intenta, de forma honesta, conseguir que una sucursal bancaria le conceda un pequeño crédito que le servirá para continuar con su vida. No tiene avales ni propiedades, tan solo cuenta con su palabra para que el banco se asegure su devolución.
La negativa del director de la sucursal les coloca a los dos en una situación muy delicada e hilarante, porque ¿qué pasa si el que pide el crédito desafía al banco? “Si nos dedicamos a lubricar engranajes o a traducir manuales de instrucciones quizás no nos crucemos nunca con las personas a las que nuestro trabajo afecta íntimamente. Ahora bien, si nos relacionamos directamente con individuos de carne y hueso hay trances difíciles de evitar”, explica el autor del texto.
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sábado, 9 de agosto de 2014

"La única manera de trabajar que sé es dándolo todo"





Los actores Carlos Hipólito y Luis Merlo son los protagonistas absolutos de la comedia "El crédito", de Jordi Galcerán. Se representó anoche en el teatro Palacio Valdés y hoy y mañana la función podrá verse en el teatro Jovellanos de Gijón. La comedia fue uno de los éxitos de la temporada pasada en Madrid. "Volveremos este otoño", promete Luis Merlo, que atiende la llamada de LA NUEVA ESPAÑA minutos antes de comenzar un doblete en Vitoria. "Esta noche hacemos dos funciones, pero mañana [por hoy] estaremos en Avilés", añade Merlo, heredero de una familia de artistas de primera envergadura. "No conozco otra manera de trabajar que dándolo todo", asegura.
 
Y lo da todo sobre la escena. "El crédito" es una comedia que comienza cuando el director de un banco deniega un crédito a un cliente. Hipólito es el director y Merlo, el cliente. "Un hombre muy inteligente que reacciona ante la negativa de una manera extraordinaria", anuncia el popular actor madrileño. La reacción del personaje de Merlo no tiene nada que ver con la violencia, pero el resultado familiar inquieta de la misma manera. "Carlos Hipólito cree que está todo atado y bien atado y descubre que no es así", señala Merlo. 

El actor madrileño participa en "El crédito" "primero por trabajar con Carlos Hipólito, que es una referencia para los actores de mi generación", asegura Merlo. "Después vino el texto y también trabajar en un nuevo proyecto de mi hermano Pedro Larrañaga", reconoce Merlo. Larrañaga es uno de los productores de teatro con mayor éxito de España, es el director del teatro Maravillas, que es el odeón al que regresará la comedia de Galcerán en cuanto termine la gira veraniega. 

La propuesta de Galcerán "es perfectamente verosímil", asegura Merlo. "Los espectadores se identifican con cualquiera de los dos personajes", asegura. "Y es normal, mi personaje llega a pedir un crédito con la creencia de que la palabra dada sirve como contrato", explica.

jueves, 7 de agosto de 2014

"No hay acto que justifique tantísima crueldad por parte del pueblo israelí"

Luis Merlo.

El actor Luis Merlo, que está de gira en Euskadi con la obra "El Crédito", reivindica su derecho como ciudadano a alzar la voz contra decisiones gubernamentales que rechaza y advierte de que el Gobierno del PP no va a conseguir silenciar ni a los ciudadanos ni al sector cultural. "Es increíble la manía que nos tiene a los actores", lamenta. Merlo no es nuevo en el negocio. Tras más de treinta años saltando de teatro en teatro y conquistando al público con sus afamados papeles televisivos en "Aquí no hay quien viva" y "El Internado", conoce bien el gremio. Afirma que en las actuales condiciones, "castigados con el IVA cultural más alto de Europa, es muy difícil, casi un milagro, crear proyectos meditados, solventes y maduros". Además de repasar la complicada coyuntura que atraviesa la profesión, lamenta "el sufrimiento y la poca felicidad que percibe entre la sociedad".  En su conversación con el diarionorte.es se ha detenido también a censurar la masacre en Gaza. En este asunto, a su juicio, no caben medias tintas: "No hay acto que justifique tantísima crueldad por parte del pueblo israelí", sentencia.

En la obra que estos días exhiben en los teatros de las tres capitales vascas interpreta a un hombre que pide un crédito y no se lo conceden. Se trata de una situación muy común hoy en día, ¿usted la ha vivido?
Sí claro, eso nos ha pasado a todos. Es la excusa de Jordi Garcelán para crear una comedia desternillante. Consigue convertir en comedia algo poso susceptible de serlo. Le niegan el crédito porque el único aval con el que cuenta es su palabra. Entonces el lanza una amenaza al director de la sucursal, amenaza que nada tiene que ver con la violencia y que nadie se espera. Se genera a partir de ese momento una situación completamente verosímil pero completamente disparatada. Es cierto que se incluyen referencias al presente, por la situación con la que comienza la obra, pero no trata de la crisis, trata de un viaje de dos personas.

Entonces no es una comedia banal, deja poso e invita a la reflexión, ¿no?
Es una comedia con contenido, a mí nunca me ha gustado la comedia de burla sino la que contiene cierta inteligencia. Y ésta lo es. La mejor prueba es que es muy difícil que a un actor por una comedia le den un premio tan prestigioso como el Valle Inclán que ha recibido Carlos Hipólito.

¿Aprovechan para criticar a la banca?
La banca siempre es criticable pero no se centra en eso. La reflexión final es que nos empeñamos en planificarlo todo sin contar que la vida también tiene planes para nosotros. El personaje de Carlos Hipólito cree que lo tiene todo bajo control y de repente llega una persona y se lo desmonta.

Dados los tiempos difíciles que vive la sociedad, ¿se busca lograr una catarsis en el espectador, que la butaca se convierta en el diván del psicólogo?
Pienso que la literatura, el cine, cualquier tipo de comunicación no puede dejarte indiferente. De esta función la gente sale habiendo reído mucho y con mucha energía y sale hablando de la obra y continúa hablando de la obra. La función se alarga, no acaba cuando baja el telón.

Se le echa de menos en la televisión. ¿El sentimiento es recíproco ?¿Añora usted la pequeña pantalla?
Hay un momento, sobre todo ya a mi edad, en que hay que elegir. He sido muy feliz haciendo Aquí no hay quien viva, haciendo El Internado pero no podía ni he querido nunca dejar mi carrera de teatro. Y sí lo añoro, pero después de esos dos personajes tan bonitos solo haré televisión cuando considere el proyecto que me ofrecen es tan atrayente como los de esas dos series.

¿Qué es lo mejor y qué es lo peor de trabajar en televisión?
En un teatro, aún en uno grande, llegas a mil y pico personas. Con la televisión una noche te pueden llegar a ver, seis, siete, ocho millones de personas. Eso es hermoso. Y más con un personaje como Mauri, que ha generado una percepción muy distinta con respecto a las personas que tiene una elección sexual diferente a la de la mayoría. Contribuir a eso también ha sido muy bonito. En cuanto a lo peor, vivir situaciones muy estresantes para poder compaginar dos medios que se enfrentar en los horarios. Solo hay una fórmula para combinar el plató y las tablas y consiste en robarle horas al sueño. Dormía en el coche, en los viajes. Llego un momento en que sentía que no estaba rindiendo ni en un sitio ni en otro. Hoy en día no se puede quejar uno porque tenga trabajo pero, tanta prisa, esa sensación de que no llegabas, no la quiero repetir.  Haré televisión cuando no esté haciendo teatro.

La televisión está al alcance de todo aquel que pueda permitirse un aparato, pero consumir cine o teatro se han convertido en un lujo debido a su elevado precio. ¿Se está maltratando a la cultura con las últimas medidas adoptadas como la subida del IVA?
Hay datos objetivos indiscutibles. El del IVA cultural español confrontado con el del resto de Europa, incluso con el de Grecia, lleva a una única reflexión: aquí pasa algo. Loa actores, como todos los gremios, nos adaptamos a tener que ganar menos como lo estamos haciendo. Pero lo que es muy difícil, con un IVA cultural del calibre que tenemos, es ofrecer un teatro como, por ejemplo, el de Larrañaga. Crear proyectos muy meditados, solventes, con madurez es verdaderamente difícil en esas condiciones, casi un milagro. Hay todo un entramado inmenso dentro del mundo de la cultura, en el que incluyo al espectador, afectado por esas medidas.

¿Qué consecuencias tiene para la sociedad que se consuma menos cultura?
Puede parecer muy frívolo mi comentario, pero yo lo que veo es muy poca felicidad en la sociedad. Muy poca alegría. Recuerdo un comentario de un amigo economista que me dijo hace poco que los mendigos cada día van mejor vestidos. Uno puede aceptar y asumir que está viviendo en un país en crisis pero lo que no se puede hacer es proselitismo de cara a unas nuevas elecciones diciendo que empezamos a mejorar. Seguimos estando mal.

 ¿Más allá del entretenimiento, el teatro, el arte, la cultura tienen alguna misión?
Conmigo sí ha cumplido una misión. Han conseguido un cambio. A mí me han despertado un deseo, el de ser mejor persona y me provoca inquietudes; darme cuenta que vivo en sociedad y tengo compromisos como ciudadano hacia ella y debo colaborar. A mí todo eso me lo ha dado la sensibilidad de la cultura, la sensibilidad del arte. No solo sirve para disfrutar, pasar un buen rato. La definición de cultura que manejan algunos políticos es muy limitada. La subestiman y la frivolizan. No se entendería el mundo de igual forma si no tuviéramos la música que podemos escuchar, la pintura que podemos ver, la literatura que podemos leer y todo eso es arte y cultura. El arte tiene nunca ventaja maravillosa, no tiene ideología. Uno se emociona con la música independientemente del partido político en el que milite o al que vote, pero esa música necesita de ser creada a base de cierto apoyo porque el músico también come, paga la luz y le lleva tiempo y esfuerzo el componer. No lo hace solo por amor al arte. Yo no tenía muy clara la repercusión de lo que estaba haciendo, porque me parecía pretencioso hasta pensarlo, pero una mujer se me acerco un día después de una función y me dijo: "te doy las gracias. Hace dos años una persona muy querida para mí se mató en un accidente de tráfico y es la primera vez que me he reído desde entonces". Eso es algo muy importante y eso es apolítico.

No le hemos visto entre los firmantes del Comunicado de la Cultura contra el genocidio palestino, que ha desencadenado un aluvión de reproches por parte del lobbie judío de Hollywood. ¿No lo ha suscrito?
No, pero estoy aterrorizado. No hay justificación posible. Yo comprendo que el Holocausto fue uno de los hechos del siglo XX más cruentos pero ya está bien. ¡Es terrorífico! No hay acto que justifique tantísima crueldad por parte del pueblo israelí.

En esta como en otras ocasiones en las que el mundo de la cultura se ha posicionado sobre un tema de actualidad le han llovido las críticas. Les acusan ciertos dirigentes populares de inmiscuirse en asuntos ajenos a su trabajo. ¿Cómo le sientan estos comentarios?
¡Cómo se puede decir eso y quedarse tan tranquilo! Es algo que me asombra. Una de las personas que lo dijo que fue Esperanza Aguirre. Recuerdo que declaró que no le pagan para que la critiquen. Mire señora, miren señores, les pagan para que les aplaudan o les critiquen, como los actores, porque trabajamos, ellos para el ciudadano y nosotros para el público. Pero hay una diferencia abismal entre nuestro trabajos: el nuestro no tiene repercusiones personales para el país, el de ellos sí. ¡Es asombrosa la manía que nos tiene los políticos del PP a los actores! Yo además de actor soy ciudadano y como tal tengo derecho a opinar sobre lo que me dé la gana. No nos van a callar ni a los unos ni a los otros. Tengo todo el derecho a opinar y ustedes, por su mayoría absoluta, a hacer lo que quieran pero no tienen derecho a intentar silenciarnos.