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viernes, 25 de junio de 2010

Héctor tenía que volver

Tras una aparatosa caída y enfermo terminal, en El internado lo dieron por muerto. Pero Luis Merlo ha sacado de la tumba a su emblemático personaje, Héctor de la Vega, porque así estaba pactado desde el principio. Una revelación que tiene sentido: Mi vuelta será el detonante del final, añade. La serie descansará desde el miércoles 7 hasta septiembre.

El anuncio de tu marcha fue una sorpresa y ahora lo es tu vuelta.
Entonces mi personaje debía desaparecer. Héctor resultaba ya repetitivo y yo, como actor, debía interrumpirlo. Además, tenía que atender otros compromisos.

Entonces, ¿por qué regresas?
Era algo acordado. La muerte fingida del personaje es un truco lícito que se emplea muchas veces.

¿Cuándo supiste que se produciría de este modo?
Cuando me fui, ya sabía que volvería. Aunque pensé que la serie se dilataría más y que podría grabar antes algunas secuencias para explicar su reaparición.

¿Y cómo se va a hacer?
Los malos le producen a Héctor una catatonia y dictaminan su muerte cuando, en realidad, está secuestrado.

¿No crees que esto despistará un poco al público?
A mí, como espectador, me divierte que me engañen, que las tramas tomen un cariz inesperado. Y lo que aquí se plantea tiene coherencia.

¿Se producirá el reencuentro de Héctor con su familia?
No puedo decir nada. Me han pedido que sea cauto porque cuando hablo, meto la pata.

Pero se acerca el final…
Sólo puedo desvelar que me ayudará alguien imprevisto.

¿Qué sensaciones te provoca pensar en el desenlace?
Ver que está tan cercano me deja un sabor agridulce, y no sólo por la gente que dejas atrás y lo que has conseguido. También por las horas de tu vida que le has dedicado. Por eso Héctor tenía que estar en el final.

Has estado un año sin trabajar. ¿Fue una decisión personal?
Cuando abandoné la serie, ya tenía planificado un año sabático. Me produce pudor, tal como está el país, decir esto. Pero tenía que parar. Venía de hacer Aquí no hay quien viva, El internado, la obra Arte y, en medio, cine. Formé la sociedad del Teatro Maravillas con mi hermano…

¿Y pudo más el estrés?
Sí, tenía el sueño muy alterado, sólo conseguía dormir una hora y media, la voz no me respondía. Lo mejor era parar y recuperar fuerzas. Agradezco el respeto que me ha demostrado la prensa durante este traspiés.

¿Qué harás a partir de ahora?
Parecerá que peco de soberbio, pero lo que no haré será compaginar trabajos que coincidan en horarios. Estuve siete años haciéndolo y pasó lo que pasó.

¿Cuando termine El internado volverás a la tele?
No sé. Le debo mucho a personajes como Mauri, de Aquí no hay…, o Héctor. Es difícil decir que no, es un vocablo que desata el pánico entre los actores. Igual no vuelves a tener esa oportunidad. Y yo me siento admirado y querido por el público.

¿Qué otros proyectos tienes?
La verdad es que no he vuelto poco a poco. Estoy preparando la función de Woody Allen Tócala otra vez, Sam, con María Barranco. El vicio del trabajo es otro problema por solucionar.

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