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miércoles, 23 de noviembre de 2011

"Como Woody Allen, soy un profesional de la neurosis"



Su forma de hablar rapidísima (aunque sin tartamudear), con ideas que se entremezclan con humor y con un tono monocorde que de repente se dispara hacen que no sea tan difícil comparar a Luis Merlo con Woody Allen. El actor madrileño encarna en "Tócala otra vez, Sam" a Allan, un crítico de cine al que dio vida el propio actor y director. La genial comedia, dirigida por la británica Tamzin Townsend y con María Barranco como coprotagonista, inicia mañana su gira gallega en Pontevedra. El viernes estará en A Coruña, el sábado en Santiago y el domingo en el Centro Cultural de Novacaixagalicia en Vigo. Ourense acoge el martes 29 la última función de la gira. 

Físicamente, desde luego, no se parece en nada a Woody Allen. 
No, es cierto, pero sí hay muchos símiles entre la personalidad interior del personaje y la mía. Cuando mi hermano Pedro y Maribel (Verdú) me sugirieron este proyecto yo pensé lo mismo: están locos, con este físico no puedo hacer el mismo papel de Woody Allen. Vinieron a mi casa a comer y yo intenté convencerles mientras tiraba la sopa y las patatas... no era por la crisis de la edad, es que no podía imitar a un genio. Al final, por lo imprevisto, es el personaje que más satisfacciones me ha dado en toda mi carrera. 

¿Y el aspecto neurótico que tan bien define al neoyorquino?
¡Soy un profesional de la neurosis! Como él, soy un un pesimista empedernido al que le encantaría ser optimista. Y me encantaría creer en Dios pero no puedo. También me río de mí mismo en las peores situaciones y prefiero el sentido del humor a la gracia; se puede ser gracioso sin contenido pero el sentido del humor siempre tiene debajo algo más. 

Su personaje, en la cuarentena, se vuelve loco por encontrar pareja. ¿Hay mucha presión a esa edad con la gente que está sola? 
Pues sí, parece que llegar a los 40 sin pareja es síntoma de fracaso pero yo no lo creo así. La soledad es terrible cuando ella te elige a ti, pero si no es un privilegio. Barbra Streisand en su canción "People" decía: "Gente que necesita gente es la gente más afortunada del mundo". Yo pondría: "Gente que no necesita gente es la más afortunada del mundo". A mí me dejó de preocupar el tic tac del reloj cuando comencé con mi pareja actual, con la que llevo 11 años de felicísima relación. 

Lo que surge con el personaje de María Barranco es una extraña historia de amor.
Lo bonito es que nos enamoramos de los defectos del otro. Yo sé que he dejado de amar a alguien cuando el defecto deja de ser una característica para ser solo defecto. 

Esta historia pertenece al Woody Allen del principio. ¿Le gusta su trabajo ahora?
Me gustan todos los Woody pero a través de los años se ha liberado del ego y ha hecho unas propuestas muy distintas a las del principio pero muy interesantes también. 

Su personaje habla imaginariamente con Humprey Bogart. ¿Con quién hablaría usted?
Soy poco mitómano. Creo que nunca hay que dejar conversaciones pendientes y decir a la gente que la quieres. Hablaría con aquellos que no están ya y con los que no pude terminar de hablar. 

Tras el susto por el estrés y el agotamiento que sufrió en su etapa televisiva, supongo que se lo tomará con más calma. 
En una época de crisis como esta parecía pecado decir que no a nada. Así que compaginé las series "Aquí no hay quien viva" y "El internado" y el teatro y me quité muchas horas de sueño. Necesitaba un año sabático y ahora estoy muy bien, pero me dedico a un solo medio en cuerpo y alma.

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