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miércoles, 3 de agosto de 2011

«Cuanto más lloro, más se ríe el público»

Acaba de regresar de Londres y al preguntarle por la siempre mecionada escuela teatral inglesa, Luis Merlo (Madrid, 1966) ya coge carrerilla para explicar que su vocación «más que de actor, es la de espectador», motivo por el que respeta por partida doble al público y hace que ame todas las tradiciones teatrales. «Es sorprendente que paguemos para que nos cuenten una mentira», comenta. Eso, sí, «una mentira sin efectos colaterales». Hijo de María Luisa Merlo y Carlos Larrañaga, fue sin embargo su abuelo Ismael Merlo el que despertó su vena interpretativa, tras una función en el Jovellanos, el mismo escenario que él ocupará hoy y mañana con la obra de Woody Allen, 'Tócala otra vez, Sam'.
 
El título de la obra ha pasado a la historia como una frase de 'Casablanca', aunque en realidad no se pronuncia en la película de Bogart e Ingrid Bergman...
Sí, pertenece al imaginario popular. La frase procede de la película de los Hermanos Marx, 'Una noche en Casablanca. No obstante, como decía Juan Antonio Bardem, la razón última no la tienen los actores, ni los espectadores, ni la crítica... La razón la tiene el tiempo.
 
¿Se parece la obra de teatro a la adaptación cinematográfica que protagonizaron Diane Keaton y el propio Woddy Allen?
Hay una gran semejanza, si bien Herbert Ross (el director de la cinta, que en la gran pantalla se tituló 'Sueños de un seductor') es más romántico. Woody Allen huye de los sentimentalismos y emociona mediante el patetismo. Es el gran filósofo de la carcajada y el pionero en mostrarnos la otra América, donde no todos son guapos, altos y ganadores. Tiene un humor roto que no respeta nada, ni a sí mismo. Y al tiempo es el ateo que más desea creer y el pesimista que ansía ser optimista. El guión teatral habla de esas obsesiones y también posee momentos proféticos, como cuando anuncia que «el cotilleo se ha convertido en la nueva pornografía»...
 
El retrato de un prototipo, cercano a la caricatura. Para mí, Bogart tiene mucho mérito. Era bajito y aunque en los doblajes pareciera que poseía una voz profunda, la verdad es que su voz era de pito. Con todo eso, se convirtió en el macho alfa... Mi personaje, Alan Félix, que es un alter ego de Woody Allen, comienza a triunfar en el momento que ya no quiere parecerse a Bogart, sino a sí mismo.
 
Hay mucho amor y desamor en la función, con sentimientos cruzados. ¿Acaso demasiada liberalidad en tiempos de tendencia conservadora?
Es una obra progresista que rompe esquemas. Y otra de sus lecciones es que muchas veces vamos muy lejos para encontrar lo que tenemos cerca. O las paradojas del azar, como el anillo maravilloso de 'Match Point', que puede caer a un lado u otro de la red. Venero a Woody Allen.
 
Ayer mismo, una encuesta aseguraba que 240.000 mujeres españolas comprenden el maltrato machista en algunos casos. ¿Las mujeres de Woody Allen no tendrán ninguna semejanza con ese modelo femenino?
¿Seguro que la encuesta afirma eso? No lo puedo creer... Desde luego, las mujeres de Woody Allen se apartan de ese modelo. Incluso un personaje femenino superficial que aparece en la función, se muestra en términos de parodia, porque no lo quiere tratar de modo realista.
 
¿Cómo se metió en la piel de Alan Félix?
Al principio, tenía ciertas dudas, que me disiparon mi hermano y socio Pedro y Maribel (Verdú). Era una cuestión física. Lo conseguí a través del patetismo y la ternura, sin prescindir de la parte fea del personaje, que es sumamente egocéntrico. Y no ha resultado mal, pues me han concedido el Premio Fotogramas. La grandeza de Woody Allen es que la tragedia íntima de los personajes traspasa las candilejas transformándose en comedia. Yo me paso la primera parte de la función llorando, y cuanto más lloro, más se ríe el público.
 
Al final, también se habrá de notar el linaje interpretativo del que precede...
Hay una anécdota que guarda relación con Asturias y el Teatro Jovellanos. Yo estaba de vacaciones aquí, siendo niño, con mi madre, y al pasar delante del teatro, nos enteramos de que mi abuelo, Ismael Merlo, estaba representado 'Petra Regalada'. Fuimos a verlo y por primera vez contemplé un público puesto en pie aplaudiendo. Desde aquel día supe cuál era mi vocación
Descendiente de un linaje de actores y actrices, se pone en la piel de Alan Félix, protagonista de la obra 'Tócala otra vez, Sam', en el Jovellanos

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